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Artículos 2007

NAVIDAD, NAVIDAD*

      Celebrar la Navidad es sinónimo de alegría y vida familiar. Algunos se preguntan el porqué. Ciertamente que los evangelios no nos dan la fecha exacta del nacimiento de Jesús, sólo algunos indicios. Lo importante es que Jesús nació, que Dios se hizo hombre como nosotros, naciendo de una mujer virgen, lo que cambió el sentido de la historia, porque, desde entonces, los hombres estamos orientados a vivir con Dios, a alcanzar vida eterna. Es motivo de la máxima alegría porque se nos hace posible acceder al Bien supremo: por Jesús, Dios-con-nosotros, se nos abren las puertas del Cielo. Alegría cantan los ángeles en Belén y la comunican a los pastores, que estaban en los alrededores.

      En el portal de Belén encontramos al Niño con su madre, María, y con San José. Una familia que se alegra por el nacimiento de su hijo, de quien saben que es el Salvador del mundo, a quien, como buenos israelitas, están esperando con fe viva.

      Por ello Navidad invita a vivir en familia y así lo hacen cientos de generaciones de cristianos. Nos alegramos y tratamos de acoger a Jesús con mejores disposiciones interiores de fe, esperanza y amor, a la vez que nos reunimos en torno a la mesa donde participamos de las comidas típicas de esta fiesta en cuanto podemos; también, siempre en alegría, intercambiamos regalos, que son expresión de la fe en Jesucristo, el gran regalo de Dios a la humanidad, y expresión de nuestro aprecio y cariño por los miembros de la familia y por los amigos en general. Las chocolatadas con regalo tienen este sentido de que todos participen de algún modo del don de Dios. El Papa Benedicto XVI nos advertía hace pocos días: “que [el ambiente] esté impregnado de religiosidad y de intimidad familiar… frente a la carrera de consumo y búsqueda de bienes materiales”.

      Por mi parte, recuerdo lo que dije en la homilía del último domingo: “Insistir en la preparación espiritual por la actitud expectante del Nacimiento del Niño Dios, cuidando la oración y preparando una buena Confesión y Comunión, leyendo pasajes de la Biblia relativos al Mesías, tratando de que los demás se acerquen a Jesús como el centro de sus vidas”, como quien da sentido a nuestra vida personal y social.

      Que la Navidad fortalezca de modo permanente los lazos familiares y nos mueva a que otros muchos acrecienten su vida en familia. Así la Navidad será realmente Dios-con-nosotros.

Mons. Jesús Moliné Labarta,
Obispo de Chiclayo


*Publicado en el Diario "La Industria".


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