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Artículos 2008

HACIA LA PASCUA DEL SEÑOR *

      Toda la vida cristiana está centrada en la Pascua, en la Muerte y Resurrección de Jesús. Ser cristiano es vivir en nosotros la vida de Jesucristo, que asume la condición humana, con la actitud de avanzar con El hasta el encuentro definitivo con el Padre: “Quien quiera ser mi discípulo, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y me siga”.

      Sin embargo cada día experimentamos unas atracciones contrarias al seguimiento de Jesucristo, a reproducir en nosotros su vida. A veces es un paso cansino –una vida cristiana sin vibración en el amor-, el acostumbramiento en unas prácticas religiosas, la mediocridad en las relaciones sociales o en el cumplimiento de nuestras obligaciones familiares o profesionales.

      Por eso ha de resonar constantemente en nosotros las palabras de Jesús, que repite la liturgia: “Conviértanse y hagan penitencia”. Nos pide que busquemos constantemente a Dios en la vida diaria, que, como El, hagamos del cumplimiento de la voluntad de Dios el alimento, el sentido, de nuestra existencia. Y, a la vez, nos pide que iniciemos un caminar tras El más decidido, más firme, comenzando desde lo más pequeño; Dios ama la fidelidad en las cosas pequeñas de cada día. El sacramento de la Confesión es fundamental para vivir el proceso de conversión.

      La Cuaresma es ese tiempo especial en que nos disponemos para vivir mejor la Pascua del Señor, un periodo intenso de conversión y de penitencia. Son múltiples las prácticas cuaresmales, como el viacrucis. La Iglesia nos propone de modo especial la oración, la abstinencia y el ayuno en los días prescritos, la limosna.

      Este año, en su mensaje de Cuaresma de este año, el Papa Benedicto XVI subraya la limosna. Ha de entenderse la limosna como un dar no de lo que sobra, sino con generosidad, compartiendo con los hermanos lo que somos y tenemos, hecho de tal modo que la mano izquierda no sepa lo que hace la derecha. Un punto que hemos de cuidar es vivir con sobriedad, teniendo lo necesario para vivir honestamente y actuando con sobriedad, sin dejarse llevar por la sociedad del consumo. En todo, teniendo como ejemplo a Jesucristo, quien, siendo rico, se hizo pobre para ganarnos a todos para Dios.

      La Misa de cada domingo es un momento intenso para vivir la Pascua: el camino con Cristo muriendo a cuanto es pecado y viviendo para Dios hasta que lleguemos a la Pascua eterna. Ahí Cristo se nos da en la Comunión para fortalecernos, viviendo a la vez la comunión con El y con los hermanos.

      María junto a la Cruz, en pie, nos apoya y orienta nuestra mirada hacia el crucificado que resucitó.

     

Mons. Jesús Moliné Labarta,
Obispo de Chiclayo


*Publicado en la Revista "Ahora y Siempre".


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