ENTREVISTA A MONS. JESÚS MOLINÉ SOBRE EL VI ENCUENTRO MUNDIAL DE LAS FAMILIAS MÉXICO 2009*
Del 14 al 18 de enero de 2009 tuvo lugar en la Ciudad de México el VI Encuentro Mundial de las Familias convocado por el Instituto Pontificio para la Familia. Participaron unas 12.000 personas, que llenaron el Centro de Convenciones “Banmar”. Asistí por iniciativa personal y sintiendo de alguna manera el deber moral de participar en dicho Encuentro, teniendo en cuenta que estamos en el tercer año de ejecución de Nuestro Plan Pastoral, centrado en la Familia.
1. ¿Qué enseñanzas nos trae del Encuentro mundial de las familias realizado recientemente en México?
No es fácil sintetizar cuanto se dijo sobre la familia durante el Encuentro porque es mucho lo que se ha escrito y dicho sobre este tema. Hubo intervenciones muy brillantes tanto en las conferencias como en las mesas redondas. A ello se sumaron las magistrales intervenciones del Sr. Cardenal Tarsicio Bertone, Secretario de Estado del Vaticano, y, sobre todo, las dos comunicaciones del Papa Benedicto XVI.
La enseñanza que les traigo es que hay muchas personas de distintos niveles sociales que cree en la familia. Quienes participaban en el Encuentro muchas eran familias enteras. Estuvieron presentes de Gana, Burundi, Pakistán, Filipinas, Nueva Zelanda, Canadá, Brasil, Holanda, Bielorrusia, Argentina, etc. Fueron muy elocuentes los testimonios como, por ejemplo, del actor Verástegui o una familia de Paquistán o de Holanda, etc. Hay muchas personas que creen en la familia y en la familia cristiana.
2. ¿Cuáles fueron las mejores conclusiones del Encuentro desde su punto de vista?
Más allá de las conclusiones “oficiales”, el Encuentro ha reafirmado el gran valor de la familia, principalmente de la familia cristiana, por una parte, en el desarrollo de virtudes, tales como la caridad y la solidaridad entre los miembros de la familia, la justicia que da a cada uno lo suyo o trata a cada miembro desde su singularidad, y, por otra, la proyección social de las familias. Uno de los puntos resaltantes fue el considerar la familia como “sujeto social”, teniendo en cuenta que se enrraiza en el derecho natural, superando tanto el individualismo como la socialización en las relaciones interpersonales. La familia como sujeto social es un tema que requiere mayores profundizaciones y concreciones.
3. ¿Se cumplieron los objetivos del Encuentro?
En cuanto a la animación de lo que podría llamarse “la animación de la Pastoral familiar”, se cumplieron ampliamente. Los participantes asistieron con mucho interés a todos los actos y este interés suscitado se puso de manifiesto también en la rueda de preguntas en las mesas redondas. Los otros objetivos, los referentes a potenciar la vida de la familia en sus diversas dimensiones y expresiones, su alcance queda más allá de toda medida y, en parte, habrá que esperar un tiempo para dar una respuesta más o menos aproximada.
4. La familia formadora en valores humanos y cristianos fue el tema del Encuentro. ¿Qué planes se han programado para irradiar este mensaje a nivel mundial después del Encuentro y de cara al futuro?
Conviene recordar que la Iglesia no es como una gran multinacional; por su naturaleza, lo más que se hace es dar orientaciones y reglamentar algunos aspectos. Cada Diócesis, como porción del Pueblo de Dios, tiene en cuenta esas orientaciones y normas y trata de recogerlas en sus planes pastorales, de encarnarlas en la realidad concreta. Se hace teniendo en cuenta lo dicho sobre el tema por la Conferencia Episcopal de cada país o región.
5. ¿Qué ideas le ha generado ente Encuentro a fin de ponerlas en práctica a nivel de la Diócesis de Chiclayo, cara a promover los valores familiares entre la población chiclayana y lambayecana?
Es fácil suponer que promover los valores familiares requiere tener un conocimiento de qué es el matrimonio y la familia para, luego, deducir los valores que deben tenerse en cuenta, si se quiere vivir en la familia según el plan originario, es decir, según el proyecto de Dios Creador y Santificador. Urge formar personas con un sentido de la familia y de sus valores las cuales se conviertan en apóstoles y orientadoras de las mismas y de quienes las integran, tratando de influir en el ambiente, sobre todo, a través de las instituciones, de los grupos y de los medios presentes en nuestra sociedad. Ésta es la gran tarea que hemos asumido con el impulso de la Pastoral Familiar en la Diócesis que se dirige a partir de la Comisión Diocesana de Familia y de las Comisiones parroquiales.
6. El amor en la familia fue uno de los temas principales del Encuentro. ¿Qué le puede decir a las familias chiclayanas sobre esto que es fundamental para la permanencia e integración de las familias?
El amor es el ambiente en que deben orientarse los que desean casarse. El amor debe penetrar todos los aspectos del matrimonio y de la familia, tanto espirituales como afectivos y materiales. Se trata de un proceso hacia la unidad cada vez más plena, según la imagen de Dios Uno y Trino, de ir realizando cada matrimonio, cada familia, el proceso ascendente hacia el Padre por Cristo en el Espíritu.
Para ello es necesario tener una noción, lo más precisa posible, sobre qué es el amor entre varón y mujer y educarse según el dinamismo que encierra. Son necesarios educadores que acompañen en este proceso tanto a los niños como a los adultos mayores.
7. El tema del matrimonio como sacramento también es un tema fundamental para la supervivencia de las familias. ¿Cómo debe incentivarse este compromiso básico de las parejas, frente a otros modelos de uniones que no están sacramentadas bajo el signo de la unión cristiana y católica?
Ante todo hay que afirmar que el matrimonio cristiano no está en peligro, ya que Jesucristo lo instituyó como una realidad permanente en su Iglesia, que durará hasta el final de los siglos. Ciertamente que existen ataques persistentes y extendidos contra el matrimonio de varón y mujer, y más si es católico. El problema de nuestra sociedad en relación con el matrimonio y la familia es, en primer lugar, de orden cultural: se propugna un individualismo en el que cada uno crea y vive sus propios valores, mudables según las circunstancias. Como consecuencia, se desecha cualquier compromiso permanente, por supuesto si es un compromiso para toda la vida. Es necesaria una gran “revolución cultural” que subvierta esta realidad social, que parece extenderse cada vez más por todo el mundo. No olvidar que se atenta contra el hombre mismo, una expresión aparentemente exagerada, pero real, ya que esa cultura posmoderna es disolvente. Los creyentes en Dios, y sobre todo los cristianos, estamos llamados a promover un auténtico humanismo abierto a la trascendencia de Dios Creador -y Redentor- del hombre.
8. Hay grupos sociales, como ONGs, que critican a la Iglesia que propugna un modelo de familia e incluso la consideran discriminatoria. En este sentido, ¿qué claridades puede Vd. exponer al respecto frente a ideologías que están tergiversando la idea del matrimonio y de la familia?
La respuesta se encuentra en buena parte en la contestación anterior. Como en muchas ocasiones, no se trata tanto de ir contra algo o alguien cuanto de exponer la verdad, en este caso del matrimonio y de la familia. Nos es necesario tener conceptos claros y formas de decir inteligibles para la mayoría de los ciudadanos. Hay mucha literatura sobre todo ello. Me permito sugerir la lectura o relectura de la Exhortación Apostólica sobre la familia Familiaris consortio del Papa Juan Pablo II. Tener ideas claras para descubrir los errores y falacias sobre el matrimonio y la familia. Se trata de conocer la verdad y las raíces del error y exponer la doctrina adecuada, que tiene su fundamento en la naturaleza racional del hombre y sus tendencias, siguiendo las orientaciones de la Sagrada Escritura explicadas por el Magisterio de la Iglesia.
9. La unidad familiar es uno de los valores que conservan las familias latinoamericanas, como la peruana. En ese sentido, ¿qué hay que hacer, a nivel de las familias para mantener ese valor frente a tantas ideologías que están atentando contra la integridad familiar?
Opino que el hombre latinoamericano sostiene un profundo sentido de la familia como realidad social, basada en vínculos de sangre y afectivos. Se trata de una vivencia de la familia en sentido amplio, ya que puede ocurrir que, a veces, haya un mismo progenitor con dos o más familias, por ejemplo. Este sentido de familia permite hacer frente a situaciones difíciles de la vida porque hay un ambiente, un grupo humano, que sostiene y aporta elementos de solución. Conviene que ese sentido familiar sea profundizado racionalmente y se le proporcionen mejores vivencias para que sea soporte permanente de las personas, de las familias y de la misma sociedad. Muchos problemas sociales tienen como causa la desestructuración familiar. Ciertamente, no es posible negarlo, hay ideologías, provenientes de otras latitudes, que tratan de proporcionar elementos falsamente racionales o razonables para atacar la unidad de la familia. Se debe actuar según lo dicho anteriormente.
10. Las familias jóvenes están en crecimiento. En ese sentido, la Diócesis de Chiclayo, de cara a dicho Encuentro, ¿está organizando actividades a fin de incentivar la cultura del matrimonio en los novios?
Es un hecho que aumenta el número de adolescentes que son padres o madres de familia, sin la debida preparación física, emocional, educacional y profesional. El asunto tiene causas diversas, que no han sido tratadas en profundidad y menos, las posibles acciones que debieran emprenderse para contrarrestar esa tendencia a la paternidad y la maternidad en edades inapropiadas, para un debido matrimonio, más allá de la legislación vigente.
La Diócesis de Chiclayo, a través de la Comisión Diocesana de Familia, las Parroquias, los Colegios, etc., trata de orientar a los adolescentes y padres de familia para revertir ese hecho negativo en cuanto a la falta de las debidas disposiciones en esos padres “prematuros”. Pero las influencias son muy diversas, sobre todo, a través de los medios de comunicación social y del ambiente materialista, individualista y sexista existente. Se requiere una gran tarea por parte de todos los actores sociales que fomenten la llegada al matrimonio de jóvenes y adultos debidamente preparados, sin recurrir a “soluciones” fáciles como puede ser el aborto, la píldora del día siguiente o el uso de métodos contraceptivos. Se requiere de muchos educadores, comenzando por la familia, que tiene este derecho y deber fundamental, que apuesten por la formación de las personas, integrando las tendencias sexuales y afectivas en la personalidad de cada uno.
11. Otro de los acuerdos creo que fue que, a través de las diócesis, se convoque a las autoridades a fin de promover leyes en defensa de la vida y de los más pobres, ¿Qué planes hay al respecto en nuestra Ciudad?
Insisto en que se dieron más orientaciones que acuerdos, que no entraban propiamente en el marco del Encuentro. Se habló bastante de fomentar una legislación que favorezca a la familia tanto en el derecho a la vida, como lo referente a la educación, especialmente en relación con situaciones especiales de pobreza, de deficiencias físicas o psíquicas, ausencia del hogar de uno o de los dos padres, etc. Repito que uno de los puntos en que también se insistió es la consideración de la familia como “sujeto social”. De hecho había algunos legisladores y otras autoridades en el Encuentro, que contó con la intervención –positiva en líneas generales- del Presidente de la República de México, Dr. Felipe Calderón.
En cuanto a las autoridades existentes en nuestra Diócesis, se les informará en el momento adecuado para que orienten sus decisiones a favor de las familias dentro del marco legal o que hagan propuestas a las diversas instancias para que las leyes y demás normas de rango inferior sean concordes con las normas constitucionales que protegen y apoyan al matrimonio y la familia.
Confío en que todas las autoridades regionales, provinciales y locales apoyen el pronunciamiento de la Comisión Diocesana de Defensa de la Vida sobre la “Petición nacional por la vida y la dignidad del ser humano”, que se está llevando a cabo en estas fechas.
12. “Fe viva, respeto recíproco, amor sincero y comprensión mutua”, les pidió el Santo Padre a todas las familias después del Encuentro mundial. ¿Por qué cree que el Santo Padre haya incidido en estos cuatro aspectos, fundamentales en la familia?
El Santo Padre dirigió dos documentos a los participantes del Encuentro. Esas frases, más bien dispersas a través de ellos, vienen a sintetizar su catequesis sobre el matrimonio y la familia. Enraizados en el amor esponsal de Cristo a su Iglesia, los esposos cristianos llevarán adelante su vida matrimonial cultivando los valores –que son virtudes- humanos respetándose mutuamente como se dice en el Ritual del Sacramento del Matrimonio, reconociéndose como personas iguales en el ejercicio de su libertad, que tratan de realizar un proyecto de vida en común y complementándose en las diferencias dadas por la naturaleza. La sinceridad y la comprensión mutua son condiciones esenciales para esta comunidad de vida y amor. En todo tendrán presente el modelo de amor esponsal Cristo-Iglesia y contarán con el dinamismo proveniente de la misma naturaleza, elevado y orientado por la gracia divina, siendo testigos creíbles del amor de Jesucristo por su Iglesia, si bien con las limitaciones de quien está realizando un proyecto humano al modo divino: son personas con limitaciones y tendentes, a veces, a la desunión del pecado, pero es más fuerte la gracia de Dios.
13. En momentos en que se advierte una frecuente disociación entre lo que se dice creer y el modo concreto de vivir y comportarse, cabe la formación de la recta conciencia. ¿Qué les puede decir a las familias chiclayanas al respecto?
La división entre lo que se cree o se piensa y la conducta personal es tan antiguo como Adán y Eva: el pecado original creó una alienación, una división, en el interior del hombre, que tan dramáticamente resumió San Pablo: “hago el mal que no quiero y no hago el bien que deseo”. Es necesaria, sí, la formación de una conciencia recta para descubrir cuál es el bien que debo hacer y el mal que debo evitar, y, de este modo, estar en condiciones de vivir una vida integrada, una unidad de vida. Pero, simultáneamente, al decir de San Pablo, es necesaria la gracia de Jesucristo, que sana y eleva la naturaleza humana.
Para esa tarea de formación de la recta conciencia, existen múltiples publicaciones en libros, CDs, cursos, conferencias, fórums, etc., también en nuestra Diócesis. La Comisión diocesana de Catequesis, las Parroquias, la Escuela de Teología para Laicos, la revista Vida en Familia y otros apoyan esta formación de la recta conciencia. Me permito sugerir la lectura reflexiva del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, que podrán encontrar en las librerías.
†Mons. Jesús Moliné Labarta, Obispo de Chiclayo
*Publicado en la Revista Vida en Familia
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