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Discursos 2009

SALUDO EN EL ACTO DE APERTURA DEL
AÑO ACADEMICO 2009 EN LA USAT

      Vice Gran Canciller; Rector; Decanos y Directores; Profesores; Estudiantes:

      Me alegra mucho poder encontrarme de nuevo con ustedes, en el marco de la Apertura del Año Académico 2009 de nuestra Universidad.

      En esta solemne ocasión, vengo a alegrarme con ustedes en los días en que la Iglesia celebra la Resurrección de Jesucristo, vencedor del pecado y de la muerte. Alegría pascual que debe vivirse en cada una de las instalaciones de esta casa de estudios, manifestando que Dios nos da dado una nueva vida.

      Esta Universidad desde sus inicios vive para mostrar la íntima armonía entre fe y razón y, al mismo tiempo, para formar personas y profesionales que sepan realizar una síntesis entre Evangelio y cultura, esforzándose por hacer del compromiso cultural un camino de santidad.

      Cultura y santidad es un binomio que no debe parecernos que su unión sea indebida. Al contrario, estas dos dimensiones, bien entendidas, coinciden en la meta final.

      Si vamos hasta el fondo de las cosas, detrás de cada conquista cultural se encuentra el misterio de Dios, fuente de todo lo creado. En efecto, toda realidad creada remite, más allá de sí misma, a Dios, que es su principio último y su fundamento. Además, el hombre, precisamente mientras investiga y aprende, reconoce su condición de criatura y experimenta una admiración siempre nueva ante los dones inagotables del Creador.

      Por tanto, los compromisos cultural y espiritual, lejos de excluirse o de estar en tensión entre sí, se sostienen recíprocamente. Ciertamente, la inteligencia tiene sus leyes y sus itinerarios, pero puede beneficiarse mucho de la santidad de la persona que investiga.

      En efecto, la santidad, lo que algunos podrían llamar ética profesional, pone al estudioso en una condición de mayor libertad interior, da mayor sentido a su esfuerzo, y sostiene su trabajo con la contribución de las virtudes morales que forjan hombres auténticos y maduros.

      El amor a Dios, con la adhesión coherente a sus mandamientos, no mortifica, sino que exalta el vigor de la inteligencia, favoreciendo el camino hacia la verdad. Cultura y santidad es, por tanto, el binomio "vencedor" para la construcción de un humanismo pleno cuyo modelo supremo es Cristo. Las aulas de esta Universidad Católica deben ser un laboratorio cualificado de este humanismo.

      Queridos profesores y alumnos, prosigan por este apasionante camino de una investigación cada vez más rigurosa desde el punto de vista científico, pero, al mismo tiempo, atenta a las dimensiones de la ética, a las exigencias de la fe y a la promoción del hombre.

      En particular, deseo que este compromiso se traduzca también en un clima de vida académica que sepa conjugar siempre el esfuerzo de la inteligencia con el de una auténtica experiencia cristiana. Ser mejores personas, mejores profesionales, mejores cristianos.

      La universidad no sólo está destinada a desarrollar el conocimiento, sino también a formar a las personas, considerando también lo respecta a la ética profesional. No hay que subestimar jamás esta misión educativa y trasmisora de valores.

      Estoy convencido de que, si los profesores anhelan ser verdaderos formadores, deben serlo no sólo como maestros de doctrina, sino también como maestros de vida.

      Queridos estudiantes. El inicio del año académico les brinda la ocasión para reflexionar en el sentido de su estudio, con el fin de consolidar su perspectiva cristiana en beneficio de su servicio futuro a la sociedad. Ustedes serán los dirigentes del futuro, los agentes culturales, sociales y sanitarios de los próximos decenios. Aplíquense con amor al esfuerzo del estudio y de la investigación, sin limitarse a soñar en el éxito profesional, por lo demás legítimo, sino buscando la belleza del servicio que podrán prestar para la construcción de una sociedad más justa y solidaria.

      Querida familia de la Universidad Católica “Santo Toribio de Mogrovejo”, van pasando los años y esta Universidad siguen cumpliendo fielmente sus propósitos iniciales y se va consolidando gradualmente, de modo que hoy nos parece imponente no sólo en sus dimensiones, sino también en la variedad y en la calidad de sus servicios.

      Hoy están afrontando los desafíos de una fase histórica de cambios, en la que resultan necesarias adaptaciones e innovaciones también en las estructuras universitarias. Se realizarán con valentía e inteligencia, sin traicionar jamás el espíritu que nos anima desde siempre.

      Nos encomendamos a Santo Toribio de Mogrovejo, implorando su protección paternal sobre nosotros, sobre sus seres queridos y sobre su trabajo. Y con estos sentimientos, doy por inaugurado el Año Académico 2009.

†Jesús Moliné Labarta,
Obispo de Chiclayo
Gran Canciller de la USAT


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