DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO
Hoy, para referirse a Dios, algunos le llaman “Señor de la Vida”. Sin duda que ésta es una de las expresiones que mejor sintetiza lo que nos dicen hoy los textos bíblicos: el hijo que tendrá la sunamita, el cristiano que, muerto al pecado vive para Dios en Cristo resucitado, dar la vida por Jesús para alcanzar la vida eterna.
El respeto a la vida es el punto central regulado por el quinto mandamiento de la Ley de Dios. En la Sagrada Escritura se habla de diversos aspectos de la vida; el más taxativo es “no matarás”, que expresa el límite por debajo que no es posible transgredir sin ofender a Dios, que es la Vida y ha creado al hombre a su imagen y semejanza. Desde el comienzo de la Biblia, Dios se manifiesta defensor de la vida humana como vemos en el relato de Caín y Abel. La Instrucción El Don de la Vida nos explica esta realidad: “La vida humana es Sagrada –nos dice-, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término; nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente” (Intr. 5).
El mandato divino de no matar parece que cada vez tiene menos importancia. Lo constatamos en la vida de cada día con todo tipo de asesinatos y de lesiones físicas. Es un atentado permanente contra el derecho primario de toda persona –la vida-, un atentado contra la dignidad humana. El homicidio voluntario es un pecado grave que clama al cielo. Teniendo en cuenta la dignidad de la persona humana, es también inmoral “exponer a alguien sin razón grave a un riesgo mortal, así como negar la asistencia a una persona en peligro” (CIC, n. 2269). De aquí, por ejemplo, la importancia que observemos ciertas leyes de tránsito.
Pensemos también en la injusticia que supone la situación de hambre en el mundo, causa directa de muchas muertes. En nuestro medio, muchas personas están expuestas a diversas enfermedades o a deficiente desarrollo físico o mental por falta de la debida alimentación. Es necesario que hagamos un mayor esfuerzo por parte de todos para superar esta situación de injusticia, es necesario que avancemos más por el camino de la solidaridad.
En otro extremo, está la visión neopagana que promueve un culto al cuerpo, en un exceso de cuidado del cuerpo. Tenemos el deber de cuidar la propia salud porque no somos dueños de nuestra vida, somos administradores de la misma. La vida corporal nos ha sido dada en última instancia por Dios para que la cuidemos y nos sirva como medio para ayudar al prójimo y alcanzar la salvación. Este es el objetivo de la virtud de la templanza, que “conduce a evitar toda clase de excesos, el abuso de la comida, del alcohol, del tabaco y de las medicinas” (CIC, n. 2290). El uso de la droga causa graves daños a la salud y a la vida humana, por lo que, como sabemos, su consumo es pecado grave, por lo mismo todo tráfico de droga.
Otros pecados graves contra el quinto mandamiento, contra la vida y dignidad humanas, son el aborto voluntario tanto el que lo practica como cuantos colaboran directamente a su ejecución, la eutanasia, el suicidio, la guerra y otros. Como he dicho antes, nadie es dueño absoluto de su propia vida, sólo somos administradores.
Pero también es contrario al quinto mandamiento, a la caridad debida a todos, el rencor, el deseo de venganza, el desear a otro un mal. Es necesario vivir la caridad para que haya paz en el mundo, lo que exige comprensión, disposición al perdón, la comunicación, el respeto a la dignidad de las personas y de los pueblos.
Quiero fijarme ahora en otro atentado contra la vida del prójimo, el escándalo, que atenta contra el respeto al alma del prójimo. “El escándalo es la actitud o el comportamiento que induce a otro a hacer el mal” (CIC, n.2284). Este mal es ante todo de tipo moral: es provocar que otro realice lo que es contrario a la ley de Dios y a la dignidad humana. Pensemos, por ejemplo, en el daño que causa en todos la pornografía, las coimas, comisiones para actos ilícitos, ciertas modas, etc. El escándalo tiene mayor gravedad cuando quien induce es persona de autoridad sobre quien recibe la inducción sean padres, profesores, etc.
Con la confianza puesta en Santa María, con el ejemplo y la intercesión de San Josemaría, llegaremos al Corazón de Jesucristo para vivir en el amor y la paz, para ser promotores de amor y de paz.
Chiclayo, 26 de junio de 2005
|