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Homilías 2005

CRUZ DE CHALPON 2005

      Humildad de Jesús en la Cruz ¿Dónde está su poder? Está su infinito amor.

      Humildad de Jesús sobre todo en la Eucaristía.

      La Eucaristía es fuente y culmen de la vida cristiana. Toda actividad pastoral debe girar en torno a Jesucristo, pues es el único camino que lleva a la Vida. Queremos fomentar esta centralidad en Jesús Sacramentado tanto a nivel personal como en la vida de los grupos, movimientos o comunidades, en los planes pastorales. "No se nos ha dado otro nombre por el que podamos ser salvados", "por El tenemos libre acceso al Padre".

      Desde la Encarnación de Jesucristo, Dios viene a nosotros para santificarnos con su Espíritu y para que demos relieve sobrenatural a todas nuestras acciones diarias, tratando de descubrir ese algo divino en cada una de las situaciones en que nos encontramos en los diferentes momentos de nuestra vida ordinaria. A veces, no lo descubriremos momentáneamente como les ocurrió a Pedro, Santiago y Juan en el Tabor (cf Mt 9, 19), pero, más tarde, habrá luz, la luz del Espíritu Santo que nos descubre la presencia amorosa y dialogante del Padre, presente en nosotros en Jesucristo: "Quien me ve a Mí ve al Padre" (Jn 14, 9).

      De la Eucaristía a la misión. El Tabor que vivimos en cada Misa nos hace bajar, salir, es un envío, un Pentecostés, para anunciar a quienes entrarán en contacto con nosotros, el amor de Dios manifestado en Jesucristo hasta la muerte. "Entrar en comunión con Cristo en el memorial de la Pascua significa experimentar al mismo tiempo el deber de ser misioneros del acontecimiento actualizado en el rito" (JUAN PABLO II, o. c. 25). Como los Apóstoles, los bautizados estamos llamados a ser testigos de la Muerte y Resurrección -la Pascua- de Jesucristo. Este llamado y el correspondiente envío son actualizados en cada Misa, donde hemos vivenciado la Pascua de Cristo. Como los Apóstoles, hemos sido testigos de la Muerte y Resurrección del Señor, si bien sacramentalmente. Somos enviados como ellos para anunciar el Evangelio y ser sal y luz del mundo. "La despedida al finalizar la Misa es como una consigna que impulsa al cristiano a comprometerse en la propagación del Evangelio y en la animación cristiana de la sociedad" (l.c.).

      La experiencia demuestra que la acción misionera, apostólica, es una de las claves para que las comunidades cristianas y los grupos participen en abundancia de la Vida, que es Cristo, y crezcan en vitalidad y número. Todos debemos examinarnos y ver qué más podemos hacer para ser mejores misioneros, para que Jesucristo sea más conocido y amado, para llegar a tantos amigos, compañeros o convecinos que se llaman cristianos y no conocen a Jesucristo. El nos urge, nos apremia, para que vayamos y anunciemos su amor a todos y todos tengan vida creciente hasta alcanzar la vida eterna. La urgencia del amor de Cristo que quiere llegar a todos a través de nosotros, los bautizados, la vivimos en cada Misa con la Sagrada Comunión, y también la experimentamos en la adoración eucarística, si la frecuentamos. "Así, la Eucaristía es la fuente y, al mismo tiempo, la cumbre de toda evangelización, puesto que su objetivo es la comunión de los hombres con Cristo y, en El, con el Padre y con el Espíritu Santo" (JUAN PABLO II, La Iglesia vive de la Eucaristía 22).

      La misa dominical. Vuelvo a insistir en que debemos prestar mayor atención a la celebración de la Misa dominical, tal como nos pide el Papa (cf. o. c. 23), favoreciendo la participación de los fieles a la vez que se hace un intenso apostolado de la Misa del domingo, como Día del Señor y de la Iglesia. La Misa dominical o de días de precepto debe tener especial realce por celebrarse en el Día del Señor, singularmente en las solemnidades. Que por las especiales ceremonias, cantos, luces, etc. sea perceptible lo que se celebra. Con el fin de hacer posible esta celebración para un mayor número de fieles, el Santo Padre nos concedió el poder celebrar una cuarta Misa los domingos y días de precepto.

      De la Eucaristía a la solidaridad. La vida cristiana centrada en la Eucaristía lleva necesariamente no sólo a la unión personal con Jesucristo, sino también con todos los hermanos. Comulgar es comulgar con el Cristo total, con el Cristo físico y el Cristo místico -Cabeza y miembros-, como se expresa la tradición teológica. Como consecuencia, en la participación de la Eucaristía el cristiano aprende a "ser promotor de comunión, de paz y de solidaridad en todas las circunstancias de la vida" (JUAN PABLO II, Quédate con nosotros, Señor 27). De la íntima relación entre Eucaristía y solidaridad hablé en mi Carta Pastoral con motivo del Jubileo 2000, nn. 20-21, y ha sido objetivo principal para el Plan Pastoral del pasado año. La relación entre Eucaristía y solidaridad será siempre actual.

      La solidaridad como dimensión de la caridad cristiana será siempre uno de los signos del Reino a semejanza de los signos de Jesús, siempre actuales en la vida de la Iglesia. Se requiere mayor solidaridad con quienes no tienen casa, o no tienen para comer, o no pueden recibir atención sanitaria o educarse en un colegio; pido especial solidaridad con los enfermos crónicos: deficientes psíquicos, enfermos de Sida, con los enfermos terminales. Recordemos que Jesús nos pide obras, obras que, generalmente, requerirán el esfuerzo conjuntado de muchos o de todos.

      Con María, "mujer eucarística". La Eucaristía pone a la Iglesia en relación con María, "mujer eucarística". En la Eucaristía adoramos a Jesucristo, nacido de la Virgen Santísima, en cuyo seno se formó y cuyo cuerpo comulgamos en la Sagrada Comunión. La devoción a nuestra madre del Cielo nos llevará progresivamente al trato con Jesús en la Eucaristía, un trato cada vez más íntimo y delicado. "La Iglesia, tomando a María como modelo, ha de imitarla también en su relación con este Santísimo Misterio" (JUAN PABLO II, La Iglesia vive de la Eucaristía 53). Enseñados por Juan Pablo II, especialmente en su carta El Rosario de la Virgen María, estamos aprendiendo a contemplar mejor el rostro de Cristo junto con María, ayudados por el rezo frecuente del Santo Rosario.

      (Tomado, en su mayor parte, de la Carta Pastoral 28.03.05)

Viernes 05 de Agosto del 2005


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