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Homilías 2006

AÑO NUEVO 2006

      María y José están admirados, como sorprendidos por todo lo que acontece en torno al Niño Jesús: ángeles, pastores, otras gentes. De momento no entienden, pero aceptan la lógica divina, que no siempre coincide con nuestra lógica. Dios sabe más.

      De María se nos dice que “conservaba todas estas cosas, meditándolas en cu corazón”. No halla explicación suficiente a los sucesos en torno al Nacimiento de Jesús y va realizando una reflexión orientada y apoyada en la fe, esperando el momento en que Dios le dé a conocer adecuadamente este misterio sublime. Como buena israelita, está abierta a la escucha de la Palabra de Dios, sabiendo que es luz y consuelo para el hombre, que da sentido a la vida personal y colectiva, que posibilita que el hombre viva dentro del ámbito divino.

      También nosotros podemos estar en situación parecida a la de María: confundidos por los acontecimientos contradictorios de bien y de mal: por ejemplo, junto a las palabras de Jesús “pedid y se os dará”, experimentamos que no siempre conseguimos lo que pedimos; a pesar de nuestros esfuerzos por mejorar la propia conducta, no vemos avances significativos; estamos de acuerdo con la Iglesia, pero no acabamos de entender algunas de sus disposiciones.

      Como María, es el momento de la oración y de la apertura a la Palabra de Dios, sabiendo que habrá luz, un sentido para esa situación. Lo importante es permanecer en la actitud de espera en que Dios, cuando sea, nos hará ver y actuará lo mejor para nosotros. María es un ejemplo maravilloso de espera en la acción oportuna de Dios.

      Al terminar este año, hay más luces para dar gracias a Dios por sus actuaciones en nuestra vida tanto personal como colectiva. Gracias porque la fe se ha acrecentado y se ha manifestado en nuestra Diócesis, sobre todo en dos hechos importantes: la celebración del Corpus Christi y la Gran Misión Católica con la Misa de clausura en el Estadio Elías Aguirre. En lo material, ha habido diversas realizaciones, como los avances en torno al Proyecto Olmos.

      Hoy se celebra la Jornada Mundial por la Paz. Una paz que la vemos muy precaria, que parece no llegar del todo o que retrocede. Es el momento de actuar como María: madurar las cosas en nuestro interior a la luz de la Palabra de Dios, explicada por la Iglesia. Es el momento de volverse hacia Dios, “Amor que salva, Padre amoroso que desea ver cómo sus hijos se reconocen entre ellos como hermanos, responsablemente dispuestos a poner los diversos talentos al servicio del bien común de la familia humana” (Mensaje de SS Benedicto XVI, 6).

      Como María, se nos impone el camino de afianzarnos en Dios buscando su verdad, “proclamando que el reconocimiento de la plena verdad de Dios es una condición previa e indispensable para la consolidación de la paz” (n. 11). Fe en Dios Creador para “conformar –en la verdad, en la justicia, en la libertad y en el amor- la historia humana con el orden divino” (n. 4) [Descubrirlo y actuar]. Sin esa conformidad, la paz se hace cada vez más difícil. Los creyentes hemos de ser algo así como el motor de la historia para hacer que las realidades terrenas se realicen según su verdad, según la verdad interna de las cosas querida por Dios, a la vez vivimos “la ley moral universal, inscrita en el corazón del hombre” (n. 4). “En cuanto resultado de un orden diseñado y querido por el amor de Dios, la paz tiene su verdad intrínseca e inapelable, y corresponde “a un anhelo y una esperanza que nosotros tenemos de manera imborrable” (n. 3).

      El Papa afirma que la negación de la paz es la mentira en cuanto que aparta al hombre y a la realidad misma del orden debido, querido por Dios. [La insensatez de pretender ser rival de Dios o ponerse a su nivel –Edén-]“La mentira está relacionada con el drama del pecado y sus consecuencias perversas” (n. 5). Alude a las “sistemas ideológicos y políticos aberrantes, [que] han tergiversado de manera programada la verdad y han llevado a la explotación y al exterminio de un número impresionante de hombres y mujeres, e incluso de familias y comunidades” (n. 5).

      Nos es necesario volvernos a Jesucristo, la Verdad en persona, “quien revela la plena verdad del hombre y de la historia” (n. 6). En El encontramos luz y estímulo para descubrir y vivir la verdad y eliminar la mentira, salvo que hayamos pactado con ésta, lo cual vuelve casi imposible el diálogo. 2006 será año de elecciones. Se pide a todos este esfuerzo para acercarse progresivamente a la verdad de las cosas, buscando el bien común, actuando con transparencia y con la sagacidad de las serpientes. Las promesas irrealizables son otras tantas mentiras que apartan del bien común y producen frustraciones de graves consecuencias. Los dirigentes o los que aspiran a serlo deben hablar según verdad, según la verdad de la ley moral inscrita en el corazón del hombre. Y todos debemos buscar esa verdad, que afecta al bien común y al bien personal.

      Al comenzar el Nuevo Año, en esta Solemnidad de la Maternidad Divina de María, sigamos su ejemplo de fe para saber esperar en la realización de la paz personal y colectiva, para apelar a eso de bueno que hay en el corazón de cada persona humana.

Chiclayo, 01 de enero de 2006


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