SAN PEDRO Y SAN PABLO
Encuentro con Benedicto XVI: apretón de manos, sonrisa, interés, oración. “Tú, una vez convertido, confirmaa tus hermanos.
El Papa, sucesor de San Pedro, es el fundamento de fe y de caridad y de esperanza para la Iglesia: “confirma”.
Tiene todo el poder necesario (las llaves, atar y desatar), que debe ejercer en actitud de servicio. “Hágase el servidor de todos”. Oficio de amor.
Cuenta con el Espíritu Santo que guía a la Iglesia, y a cada fiel en su misión concreta (al Papa también) hacia la verdad plena: luz y fuerza para andar el Camino, la Verdad y la Vida.
Los poderes del mal no podrán destruir la Iglesia. “Las puertas del infierno”. Por más intentos que se hagan.
La Iglesia sólo es comprensible desde la perspectiva divina, sobrenatural. Lo mismo la Iglesia. “No te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el Cielo”.
Amor a la Papa. Confianza en la Iglesia. Conocer bien qué es la Iglesia. Los defectos que aparecen en ella son los tuyos y los míos y las virtudes de tantos santos. No dejarse llevar por tópicos (curas y monjas, los sacerdotes no viven como Cristo, las riquezas del Vaticano, etc.).
Pido ese amor a especialmente a los jóvenes en quienes también confía este Papa. Dirigiéndose a los jóvenes romanos, les dice: “Quisiera pediros que os fiéis de la Iglesia, que la améis y confiéis en ella, porque en ella esta presente el Señor y porque los único que busca es vuestro verdadero bien”. (05.06.06). Y poco más adelante les dice que se liberen del prejuicio según el cual el cristianismo está hecho de prohibiciones y mandatos. Afirma que “pongamos en el centro de nuestra vida el amor a El y a los hombres que El ha amado”.
María en el centro de la vida de los Apóstoles en la oración de la Iglesia naciente.
Jueves, 29 de Junio del 2006
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