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Homilías 2006

ASUNCION DE MARÍA

      Era lógico que la madre siguiera al hijo, pues ambos habían estado íntimamente unidos en el plan redentor de Dios. La Asunción de María en cuerpo y alma al Cielo es celebrada desde hace muchos siglos en muchos lugares de muy diversas regiones del mundo. Desde la definición del dogma, es celebrada solemnemente en toda la Iglesia Católica.

      María es nuestra Madre, que nos ha precedido para prepararnos un lugar en unión a la acción de su hijo Jesucristo ascendido al Cielo (cf. Jn 14,2-3). Y cuando Jesús venga para llevarnos junto a El, Ella le acompañará junto con los ángeles y los santos, si como María hemos perseverado hasta el final. Y, así, estaremos siempre con el Señor (cf. 1 Tes 4,17). María estimula nuestra esperanza en Dios, nuestro Salvador.

      Esta fiesta es rica en contenido salvador. María ha recibido la gloria en cuerpo y alma, en la unidad de su ser personal, de quien no tuvo pecado original y siguió en todo a su hijo en identificación con su misión redentora y salvadora durante su peregrinación en la tierra. Nosotros esperamos nuestra glorificación al final del mundo, cuando el alma glorificada se una a nuestro cuerpo en la resurrección, si fuimos fieles.

      María ha recorrido el Camino, que es Jesucristo, hasta alcanzar la plenitud del Amor divino. Viene a ser como el ejemplo a seguir para vivir en unión con el Señor a lo largo de nuestra vida terrenal hasta ocupar el lugar preparado por Jesús y María: vivir siempre en el Amor, y, si pecamos, volver con amor por la confesión para vivir nuevamente en el Amor.

      Nuestro caminar en la tierra tras los pasos de Jesús y acompañados por María debe ser como una asunción permanente: dejarnos llevar por la gracia de Dios que nos mueve a realizar el bien en todas sus dimensiones: la salvación sólo se logra con la gracia de Dios y nuestra colaboración o correspondencia personal.

      La proximidad de Fiestas Patrias y el cambio de Gobierno son una ocasión para que todos los peruanos, celebrando la Asunción de María, nos movamos más por la acción de Dios en nosotros y, de este modo, dar a nuestra vida personal y ciudadana un tono de superación, hacer que nuestra vida social sea más humana y más cristiana. Lo haremos si todos trabajamos mejor para que haya más trabajo, menos pobres, más educación, más salud, menos marginación de los ancianos, niños abandonados y enfermos de sida.

Chiclayo, 15 de agosto de 2006


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