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Homilías 2006

NUESTRA SEÑORA DE LA PAZ 2OO6

      Celebramos esta Fiesta de Nuestra Señora de la Paz en el marco de las celebraciones por las Bodas de Oro de la creación de nuestra Diócesis. La imagen que la representa, bendecida por el Papa Juan Pablo II, y el templo construido en su honor, marcan un hito importante en la vida de nuestra Diócesis.

      Ciertamente la comunidad cristiana de Chiclayo dio sus primeros pasos al comienzo de la evangelización en el siglo XVI en torno a un sencillo templo dedicado a Santa María de los Valles, que pronto derivó hacia el privilegio mariano de la Inmaculada Concepción. Desde entonces, han transcurrido casi cinco siglos de amor y cariño a la madre de Jesucristo y madre nuestra, Santa María en su Inmaculada Concepción, por ser la elegida para ser la madre de Dios.

      Este Santuario se sitúa así en la corriente cada vez más limpia, fuerte y ordenada de cariño de los hijos de la Iglesia Católica en Chiclayo hacia su madre bendita del Cielo. Son quince años de peregrinaciones personales y de grupos pequeños o grandes que llegan a la casa de la madre para honrarla y abrir el corazón en expresión de fe y afecto, en manifestación de preocupaciones y problemas, en filiales acciones de gracias. Todos buscando a la madre para llegar con más confianza al Hijo, a Dios Uno y Trino. Cuántas conversiones, cuántos impulsos de vida renovadamente cristiana, cuántos consuelos y seguridades obtenidos por Santa María de la Paz, cuántos favores atendidos.

      En estos momentos de celebración por las Bodas de Oro de la Diócesis, queremos que Ella nos ayude a ser más católicos, es decir, que nos ayude a tener un corazón más abierto a todas las mujeres y hombres de este mundo, a todas las familias, personas y grupos humanos para vivir mejor el amor que el Espíritu Santo ha derramado en nuestros corazones. Católicos con la catolicidad que surge del contacto con el Corazón de Jesucristo que quiere que todos se salven, que por todos entregó su Cuerpo y derramó su Sangre. Católicos porque buscamos establecer lazos de comunión con cuantos están cerca de nosotros o están lejos. Católicos porque queremos que el Evangelio llegue a todas las gentes y todos se vean libres de las ataduras de la ignorancia religiosa y moral, del pecado y de las injustas carencias materiales.

      Nuestra Diócesis es una porción de la Iglesia Universal: debemos estar abiertos a todos por encima de nuestras opiniones personales, tanto a nivel interno de la Iglesia como en la convivencia familiar o social. Esto supone escuchar y respetar a todos, superar las diferencias de opinión y permanecer y transmitir lo único necesario: Jesucristo Salvador. Nuestra Madre bendita nos quiere junto a su Hijo, cada vez más, y simultáneamente dispersos en orden para anunciar las maravillas del amor de Dios a las mujeres y hombres de todos los tiempos y lugares, en un constante Pentecostés.

      Para conseguirlo, pido a todos los fieles de la Diócesis fidelidad a Jesucristo y a su Iglesia: a las parroquias y grupos parroquiales, a los movimientos eclesiales y las asociaciones religiosas en su variedad de carismas y expresiones. La lectura de la Palabra de Dios, la oración asidua y la frecuencia de sacramentos buscando una creciente identificación con Jesucristo son el punto de partida para vivir la fidelidad al hijo de Santa María. Con esta fidelidad, seremos portadores creíbles del Evangelio y pegaremos a muchos el fuego del amor de Jesucristo, quienes a su vez se convertirán en evangelizadores.

      Recordemos, por otra parte, que la evangelización y el apostolado, lleva como una de sus expresiones propias la caridad efectiva, concreta y organizada hacia los pobres, preferentemente a los más necesitados. Es mucho lo nos falta en nuestra Diócesis, aunque se hacen más cosas de las que se ven a simple vista. Esa caridad va en la línea del anuncio de la Palabra y de las ayudas materiales. Por eso se propone a las parroquias y otros grupos de la Diócesis que vayan a evangelizar a lugares de la Diócesis donde Jesucristo es poco conocido o a evangelizar ambientes humanos, que se desenvuelven al margen o en contra de Dios. En cuanto a las ayudas materiales, recordar que debemos actuar más a favor de los ancianos, de los niños y adolescentes abandonados, de las prostitutas, de los enfermos crónicos de sida, tuberculosis ú otros.

      Como foco de irradiación evangelizadora, se va a construir una casa de retiros junto a este Santuario. Estará dedicada a San José porque el amor a Santa María nos lleva de la mano a su santo esposo, varón fuerte, disponible siempre a cumplir la voluntad de Dios, que vivió siempre de cara a Jesucristo y a Santa María, proyectándose desde su lugar en la gran acción misionera y evangelizadora inaugurada por Jesucristo, que vivió sirviendo a los demás en el ejercicio de su profesión. Esperamos que, en el mes de noviembre, podamos colocar la primera piedra e iniciar la construcción, que requerirá el esfuerzo de toda la Diócesis. Encomendemos ya a Nuestra Señora de la Paz la casa que queremos construir en honor de su esposo para que se realice pronto y sea como la casa de Nazaret, donde todos participen del ambiente familiar, centrado en Jesús, donde todos puedan servirse de los abundantes bienes del Reino de Dios.

Chiclayo, 3 de setiembre de 2006


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