DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO
Aunque lo comenta de 1 Jn 4, 20, el Papa dice que "lo que se subraya es la inseparable relación entre amor a Dios y al prójimo. Ambos están tan estrechamente entrelazados, que la afirmación de amar a Dios es en realidad una mentira si el hombre se cierra a su prójimo o incluso lo odia" ( Deus caritas est 16).
Jesús se refiere, en primer término, a Dt 6, 4-5 y Lv 19, 18. El da una nueva dimensión a estos mandatos al decirnos que amemos como Yo los he amado. El amor de Cristo no es sólo ejemplar, sino también participado por cada uno de nosotros: amamos con el amor que el Espíritu Santo pone en nuestros corazones, que es el amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. El contenido propio del amor cristiano es el amor de Dios que hay en nuestros corazones, que se expresa de modo humano, con actitudes humanas, con acciones humanas.
Al escuchar Jesús al letrado que le preguntó por el primer mandamiento de la Ley, le dice: "No estás lejos del Reino de Dios". El amor al prójimo como actitud meramente humana es camino para descubrir y poseer el amor de Dios, es una preparación personal para que Jesús le envíe al Espíritu santo para poner en su corazón el amor de Dios. "El amor del prójimo –dice San Agustín- limpia los ojos para ver a Dios, como dice claramente Juan: Si no amas al prójimo a quien ves, ¿cómo vas a amar a Dios, a quien no ves? (cfr Jn 4,20)" (S. Agustín, In Joannis Evangelium 17, 8). Limpiar nuestro corazón de tanta cerrazón a las necesidades del otro.
El amor a Dios es, sin embargo, el primero, pues El nos amó primero y se ha hecho visible en Jesucristo: "Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él" ( Jn 4, 9). Y, en Jesucristo, se nos hacho visible en diversos momentos: en la Predicación, en los Sacramentos, especialmente en la Eucaristía. En la liturgia, en la comunidad viva de los creyentes, percibimos su presencia, "experimentamos el amor de Dios,… y, de este modo, aprendemos también a reconocerle en nuestra vida cotidiana" ( DCE 17). Reconocerle sobre todo en el prójimo, que es Cristo que pasa junto a nosotros. De este modo sembramos amor para cosechar amor. Hace falta una gran campaña para promover en el mundo; los cristianos estamos llamados a ello.
El amor abarca progresivamente todas las potencialidades del hombre: entendimiento voluntad sentimientos. Siempre está en crecimiento, debe estarlo, para que sea verdadero. El amor lleva a "un pensar y desear común". Es lo que contemplamos en Jesús, pendiente de la voluntad del Padre: "mi alimento es hacer la voluntad del que me envió". Si buscamos vivir en el amor de Dios, iremos pensando y amando según Dios. El trato con Jesucristo en la oración, la Palabra y los Sacramentos, sobre todo los de Confesión y Eucaristía, nos llevarán hacia un amor más pleno, más auténtico. El cumplimiento de los mandamientos surgirá desde mi interior, pues descubro la presencia de Dios en mi interior, que me va haciendo cada vez más suyo.
Al encontrarme con otros, los veré con la mirada de Jesús, descubriré en el otro a alguien por quien gastar la vida, tal vez unos minutos. "Al verlo con los ojos de Cristo, puedo dar al otro mucho más que cosas externas necesarias: puedo ofrecerle la mirada de amor que él necesita" ( DCE 18). Y, al mirar al otro con los ojos de Cristo, sentiremos la necesidad de buscar a Jesucristo, sobre todo en la Comunión, para seguir amando como conviene, para llevarle la mirada de ese otro con la oración "Tú si puedes ayudarlo".
Descubrimos que nos falta mucho amor y por eso hemos venido a Esta Eucaristía. Reconocemos que no siempre hemos amado como nos pedía Jesucristo desde dentro de nosotros mismos y por eso queremos participar del Jubileo que el Papa nos ha concedido con motivo de las Bodas de oro de la Diócesis. Deseo de purificación, que es tanto como decir que Dios ponga lo que falta a nuestro amor a El y al prójimo y tanto como decir que estamos dispuestos a amar y remover de nosotros los obstáculos a ese amor, como son los prejuicios, los resentimientos, la insensibilidad ante las necesidades de los demás, entre las que está Dios.
Vivamos un amor práctico, expresado en situaciones concretas, como María en Caná. Ella es también maestra del amor que se identifica con el amado.
Chiclayo, 05 de noviembre de 2006
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