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Homilías 2007

V DOMINGO DE PASCUA (C)
INSTITUCION DE LECTORES Y ACOLITOS

     “Que os améis unos a otros como yo os he amado. La señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros”.

     “Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo… la morada de Dios con los hombres”.

     “Les contaron… cómo [Dios] había abierto a los gentiles la puerta de la fe”.

     El matrimonio es una realidad tan grande, sobre todo el matrimonio cristiano, que, para explicarnos la realidad de la Iglesia, Dios toma la celebración del matrimonio como la imagen adecuada para explicarla. Dios nos ha dado la Iglesia como comunidad llena de belleza, de vivir para los demás, de amor.

     El matrimonio instituido por Dios como realidad ordinaria en la que el hombre y la mujer se entregan el uno al otro, buscando el bien del otro.

     De esa manera se convierten en imagen perfecta de Dios, Trino y Uno, de Dios perfecta comunión de Personas en la más perfecta Unidad. A la vez el matrimonio tiene a Dios Trino y Uno como el modelo a imitar y la meta a la que llegar.

     Dios es donación, así los esposos cristianos. En Jesucristo manifiesta otra dimensión de esa donación: “Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo unigénito”. Y, en Jesucristo, Dios da el modelo con el que los esposos cristianos deben donarse el uno al otro: “Que os améis unos a otros”. El amor de los esposos es una dimensión importante de la caridad que Jesús pide a sus discípulos.

     El sacramento del matrimonio significa y realiza la unión de Jesucristo –Dios-Hombre- con la Iglesia. Amarse totalmente siguiendo la dinámica de Jesucristo hacia su Iglesia: donación total. Así como Cristo vivió externamente ese amor de modo ascendente hasta la Cruz, así los esposos cristianos a lo largo de su vida hasta que la muerte los separe. No hay más limitación de tiempo para el matrimonio que la muerte, en la que el cristiano entra en unión definitiva con Dios como culminación de su entrega de amor según Dios: “Como Yo os he amado”.

     Vivir el amor en el día a día, pendiente el uno del otro: esto es fidelidad.

     Fruto del amor de los esposo, como su prolongación, son los hijos, quienes son, a su vez, imagen de Dios. Asumen la tarea de que esa imagen resplandezca cada vez con mayor nitidez (educación en la libertad responsable).

     El sacerdote realiza un verdadero desposorio al entregarse totalmente, como Cristo, a los demás. En los demás está Cristo. Rezar por la fidelidad de los sacerdotes. Rezar para que haya muchos sacerdotes que bendigan los matrimonios y los ayuden, a ellos y a sus hijos con los sacramentos y las orientaciones en la vida cristiana.

     Tengan también como modelo e intercesora la Sagrada Familia en Nazaret.

Chiclayo, 06 de mayo de 2007


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