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Homilías 2008

IV DOMINGO DE ADVIENTO

      Está cercano el Emmanuel, anuncia la Iglesia, el Dios con nosotros. Dios que nunca ha estado lejos de los hombres, pues su presencia envuelve el Universo y nada de cuanto sucede le es ajeno porque ahí está El, nos ama.

      Por medio del profeta Natán, Dios le recuerda a David cómo ha estado presente siempre en su vida y los acontecimientos que realiza a través de él a favor de su pueblo.

      Es un una prefiguración y anuncio de lo que Dios hará definitivamente en Jesucristo por medio de María. El SI de María y la consiguiente Encarnación de Jesucristo es el momento en que Dios se manifiesta definitivamente a favor de toda la humanidad. Todas las promesas y anuncios de salvación hechos en el Antiguo Testamento confluyen en ese momento como los ríos que confluyen para dar origen al gran río, que da vida y fortaleza, al gran río que se abre paso a través de los diferentes elementos para llegar a su meta. En este caso, las profecías, cuya síntesis se le da a María y que Ella acepta, hace que comience la salvación, que los hombres puedan volver a Dios como su verdadero fin, ya que para El fuimos creados.

      El acontecimiento de la Anunciación nos lleva a tener presente la misión de Jesús, el primer Misionero: “traer a todas las naciones a la obediencia de la fe”, nos ha dicho San Pablo”. Y esa es nuestra tarea como discípulos de Jesucristo, como continuadores de su misión: cada uno en su lugar ha de trabajar para que todos obedezcan a Dios mediante la fe en Jesucristo. Pero, ¿cómo creerán en Jesucristo si no se les anuncia?

      La Navidad es una ocasión propicia para anunciar a Jesucristo, para hablar de El, quien, siendo Dios, se humanó haciéndose niño como todos los hombres que vienen a este mundo. Prepararnos con mayor intensidad en estas horas que faltan mediante una oración más fervorosa y mejorando nuestra conducta para acogerle bien. Que, al colocar la figurita del Niño en nuestras casas, lo hagamos con el deseo que sea el centro de nuestro hogar y de la vida de cada uno. Recordemos que todo comenzó por el SI de María. ¡Cuántas cosas podemos mejorar en cada uno y en la sociedad con un sí como María! No temamos, nos dice también Dios a nosotros.

      Que María y José nos ayuden a prepararnos a acoger al Niño con buenas disposiciones de “obediencia a la fe”.

Chiclayo, 21 de Diciembre de 2008


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