IV DOMINGO DE ADVIENTO
Está cercano el Emmanuel, anuncia la Iglesia, el Dios con nosotros. Dios que nunca ha estado lejos de los hombres, pues su presencia envuelve el Universo y nada de cuanto sucede le es ajeno porque ahí está El, nos ama.
Por medio del profeta Natán, Dios le recuerda a David cómo ha estado presente siempre en su vida y los acontecimientos que realiza a través de él a favor de su pueblo.
Es un una prefiguración y anuncio de lo que Dios hará definitivamente en Jesucristo por medio de María. El SI de María y la consiguiente Encarnación de Jesucristo es el momento en que Dios se manifiesta definitivamente a favor de toda la humanidad. Todas las promesas y anuncios de salvación hechos en el Antiguo Testamento confluyen en ese momento como los ríos que confluyen para dar origen al gran río, que da vida y fortaleza, al gran río que se abre paso a través de los diferentes elementos para llegar a su meta. En este caso, las profecías, cuya síntesis se le da a María y que Ella acepta, hace que comience la salvación, que los hombres puedan volver a Dios como su verdadero fin, ya que para El fuimos creados.
El acontecimiento de la Anunciación nos lleva a tener presente la misión de Jesús, el primer Misionero: “traer a todas las naciones a la obediencia de la fe”, nos ha dicho San Pablo”. Y esa es nuestra tarea como discípulos de Jesucristo, como continuadores de su misión: cada uno en su lugar ha de trabajar para que todos obedezcan a Dios mediante la fe en Jesucristo. Pero, ¿cómo creerán en Jesucristo si no se les anuncia?
La Navidad es una ocasión propicia para anunciar a Jesucristo, para hablar de El, quien, siendo Dios, se humanó haciéndose niño como todos los hombres que vienen a este mundo. Prepararnos con mayor intensidad en estas horas que faltan mediante una oración más fervorosa y mejorando nuestra conducta para acogerle bien. Que, al colocar la figurita del Niño en nuestras casas, lo hagamos con el deseo que sea el centro de nuestro hogar y de la vida de cada uno. Recordemos que todo comenzó por el SI de María. ¡Cuántas cosas podemos mejorar en cada uno y en la sociedad con un sí como María! No temamos, nos dice también Dios a nosotros.
Que María y José nos ayuden a prepararnos a acoger al Niño con buenas disposiciones de “obediencia a la fe”.
Chiclayo, 21 de Diciembre de 2008
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