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Homilías 2008

NAVIDAD 2008

      En medio de la inmensa claridad de la gloria de Dios que les envuelve, el ángel anuncia a los pastores el gran acontecimiento esperado por siglos: “Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor”. Este es aquél de quien se le dijo a María en la Anunciación, que le pondría “por nombre Jesús. Será grande, se llamará hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin”.

      El Niño Jesús aparece en Belén como fruto de la acción divina en su proyecto salvador, enraizado en una sucesión de familias, en una estrecha relación familiar con María y José y con todos sus antepasados, entre los que sobresale David, el rey-profeta, figura de Jesucristo. Con este hecho, se nos dice no sólo que Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre, sino también que, sin dejar de ser Dios, es verdadero hombre, que llega a este mundo en una familia concreta y en un contexto histórico de familia. Para entender la vida y misión de la Sagrada Familia es necesario situarla en la relación de familias que la precedieron. Algo así como para comprendernos a nosotros mismos es bueno conocer nuestro contexto familiar y el de nuestros antepasados más inmediatos.

      Vamos entendiendo mejor que esta noche sea tan de familia. Es Jesús que viene a cada uno de nosotros y nos hace familiares suyos al escuchar su palabra salvadora –“bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen”-, al percibir que Dios se nos comunica, se nos da, a través de un niño, que necesita del cuidado de todos, como sucede con los recién nacidos. Y nosotros le hemos acogido y lo tenemos por uno de nuestra familia, en el centro de nuestra familia, como sucede con todo recién nacido.

      Con Jesús en la casa, nuestra familia es impulsada a la sencillez, a la naturalidad, a la sinceridad de las expresiones de afecto. Nada de lo que ocurre ahí le es ajeno. El ríe cuando percibe que se felicitan y abrazan de corazón, cuando tratan de superar diferencias o malentendidos en esta noche y para los días sucesivos, cuando recuerdan a los que ya se fueron o están lejos del hogar: Jesús Niño, con su poder infinito, se encarga de atenderlos; Jesús ríe cuando tratan de estar serenos ante las carencias de trabajo o de medios materiales, sin que este hecho enfríe su cariño y su fe en El, y ríe con nuestros villancicos más o menos afinados, con nuestro compartir en la mesa y con tantas cosas bonitas que suceden en la familia.

      Jesús nace con un plan de salvación para todos, un plan en el que la familia ocupa un lugar preponderante. El quiere que cada una de nuestras familias, todas las familias, sean verdaderas familias porque estén bien constituidas, porque viven en un clima de amor con sencillez y alegría, porque la educación de los hijos de acuerdo a su edad y personalidad ocupa un lugar central en la vida de la familia. Que los padres eduquen de tal modo a los hijos que éstos se sientan implicados en la vida de la familia: ahí todos deben vivir pendientes de todos para hacerles la vida amable a todos y cada uno.

      En la vida familiar, y por tanto en la educación de los hijos, es esencial la educación religiosa que permita a los hijos abrirse a la realidad de Jesucristo, Dios humanado, que llenará sus vidas de sentido, de fundamento para crecer como personas a la vez que crecen como hijos de Dios: un mismo crecimiento. Así nos aparece el anuncio del nacimiento de Jesús: un hecho natural penetrado de un sentido trascendente, divino –ese Niño es el Salvador del mundo- y manifestado externamente con mucha luz, cantos de ángeles a la Gloria de Dios en Jesucristo y con anuncio de paz a quienes Dios ama, y mucha alegría.

      No podemos pasar por alto a quienes carecen de una familia en esta noche porque ya no la tienen o nunca la han tenido, porque su familia está rota o no está bien constituida. Nuestra oración y afecto por todos ellos, animándoles a que centren su mirada y su corazón en el Niño Dios, tal vez ayudados por una figurita o por el nacimiento colocado en una calle, en el lugar de trabajo o en el templo. Ahí sentirán el calor de hogar bajo la mirada de María y de José.

      Que el Niño Dios bendiga a todas las familias de la Diócesis en esta noche tan feliz. Y que María y José nos sonrían al colocar la figurita del Niño en el nacimiento con fe y amor.

      ¡Feliz Navidad!

Chiclayo, 24 de Diciembre de 2008


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