SAGRADA FAMILIA 2008
Dios, al crear al hombre, lo creó para ser familia (“Dejará a su padre…), a su imagen y semejanza, en familia. Al redimirlo, elevó a sacramento la institución matrimonial para ser signo y una de las manifestaciones del amor de Cristo a su Iglesia. Así los esposos cristianos deben amarse con amor total y constante hasta el final de sus días. La redención se inició en una familia, la Sagrada Familia, y vivió las incidencias de la vida de una familia pobre en un lugar pobre, centrada en Jesucristo, Dios humanado.
Entramos en la casa de la Sagrada Familia para aprender a vivir en familia. Aprendemos, en primer lugar, el silencio, necesario en la vida del hombre. No es imaginación. Recordemos el silencio de María ante José, los silencios de José o de María ante la respuesta de Jesús “¿No sabían que debía ocuparme de las cosas de mi Padre?”... “María guardaba todo esto en su corazón”. Necesario el silencio para reflexionar sobre los acontecimientos, sobre lo que se hizo o se hará, sobre el modo de comportarse de cada uno y ayudarle en consecuencia. Tal vez haya demasiada televisión o radio que impiden esos espacios de silencio. No impide los momentos de conversación.
Otra lección es la de comunión: viven cada uno para los demás a ejemplo de la Trinidad Beatísima, manifestando de algún modo su vida de Amor, centrados en Jesús. Cultivar los momentos de oración en familia para que Dios derrame su amor y fructifique el deseo de amor, comprensión, ayuda y perdón de unos con otros: viviendo sinceramente la relación con Dios encontramos un fundamento sólido para la familia, la gracia de Dios-Amor encuentra cauce a través de la libertad de cada uno y de todos.
Centrados en Jesús, la familia comprende el gran valor de la vida humana desde la concepción hasta su deceso natural: tanta dignidad, tanto valor tiene la vida humana que Dios se hace hombre para restaurar la naturaleza humana y hacerla partícipe de su vida divina para siempre. Amar toda vida humana, aunque sólo tenga unos minutos de existencia: es imagen de Dios, es uno de los nuestros, igual a nosotros. Rechazar todo lo que pueda destruir la vida humana sea por la guerra o el aborto voluntario o la eutanasia. No a la píldora del día siguiente, no a la fecundación in vitro, sí a la reproducción asistida cuando se trata de ayudar al acto natural de la generación.
Necesidad de educar especialmente a los niños y jóvenes para el amor. Comenzar por educarles en el respeto a toda persona por indigna o deforme que aparezca: el hombre se valora por ser persona humana, no por su apariencia. Respetar y defender la dignidad humana en las conversaciones, en el modo de relacionarse, en el bien pensar, en la oración, en la actitud de servicio. De este modo estarán en condiciones para entender mejor el amor de varón y mujer, evitando todo utilitarismo o convencionalismo: dándose totalmente y para siempre.
Que vivamos en referencia a la Sagrada Familia como la escuela y casa de vida familiar, como del hogar originario.
Chiclayo, 28 de Diciembre de 2008
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