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Homilías 2008

AÑO NUEVO 2009
MATERNIDAD DIVINA DE MARIA

      ¡Feliz Año 2009!. Comenzamos un nuevo año y, con ello, las esperanzas de un futuro mejor, donde los sucesos negativos del año que termina queden superados. Será posible si contamos con la ayuda del Señor: “El Señor tenga piedad y nos bendiga”, hemos aclamado en el salmo responsorial.

      Deseamos prosperidad y paz para el nuevo año. Está muy bien. Sin embargo el ambiente materialista, hedonista y con un marcado tono egoísta puede influenciarnos haciéndonos perder la visión integral del hombre, espíritu encarnado. Si sólo superamos las carencias materiales, podemos caeren lo que Benedicto XVI llama las “pobrezas inmateriales…: marginación, pobreza relacional, moral y espiritual” (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, n. 2).

      Deseamos para el nuevo año que las personas sean consideradas en su dignidad personal, cada uno de nosotros: seres creados a imagen de Dios, constituidos racionalmente, capaces de ejercer su libertad con responsabilidad, orientados por la búsqueda de la verdad y la realización del bien en todas las dimensiones posibles. Nuestros deseos de desarrollo y de paz para el nuevo año deben ir de la mano con un desarrollo ético que haga posible el crecimiento de todos como personas libres y responsables, un desarrollo que supere las pobrezas inmateriales a las que alude el Papa. “Es necesario un “código ético común”, cuyas normas no sean sólo fruto de acuerdos, sino que estén arraigadas en la ley natural inscrita por el Creador en la conciencia de todo ser humano (cf. Rm 2,14-15)” (Mensaje…, n. 8). De lo contrario los mismos acuerdos se vuelven precarios, contrarios al hombre, como conocemos en la actualidad.

      Podemos pensar que una acción de esa naturaleza es cuestión de políticos y dirigentes. El Papa nos plantea un interrogante que afecta a todos: “Cada uno de nosotros ¿no siente acaso en lo recóndito de su conciencia la llamada a dar su propia contribución al bien común y a la paz social?” (l. c.). Las dificultades o la pereza pueden apagar ese llamado de la propia conciencia. Asumamos el reto y busquemos soluciones a nivel personal y comunitario, familiar. Es necesaria una solidaridad de carácter global para superar las pobrezas materiales e inmateriales, una solidaridad que “tienda al bien de todos y cada uno” (n. 14). “Únicamente la necedad puede inducir a construir una casa dorada, pero rodeada del desierto o la degradación” (l. c.).

      Esa solidaridad puede ponerse en marcha a diversos niveles. En nuestra Diócesis, sabemos, por ejemplo, que hay un alto porcentaje de personas que viven en situaciones de extrema pobreza; que, en muchos ambientes, se da poca importancia a la dimensión moral, con la consiguiente degradación de las personas, aunque se obtenga un alto beneficio económico o de prestigio; que existe un alto porcentaje de prostitución, con el deterioro personal y social que ello implica, siendo causa y efecto de matrimonios rotos o de familias incompletas, cuyas repercusiones negativas recaen sobre los hijos en primer lugar; sabemos que se dan muchos abortos, motivados por la falta de aprecio a la persona humana o por el prestigio o por el hedonismo o por el engaño (píldora del día siguiente) o la falta de formación o información. Hechos de esta naturaleza envilecen a las personas y hacen imposible una sociedad más justa, cuyo primer fruto es la paz. Dicho de otra manera, si no cambiamos hacia una vida más acorde con la dignidad humana, la justicia y la paz serán cada vez más escasas.

      Convirtámonos y trabajemos por la conversión de todos, seamos más evangelizadores, mejores apóstoles. Fundamos en Jesucristo, Príncipe de la Paz, manifestación de la misericordia divina, promovamos la solidaridad en todos los ambientes, solidaridad que toque el interior de las personas, que promueva un desarrollo verdaderamente humano. Al hablar de solidaridad, no lo confundamos con el asistencialismo o la beneficencia, que está demostrado que no soluciona el problema de la pobreza. El Papa Benedicto propone varios criterios para superar la pobreza a nivel mundial y fomentar la solidaridad: “un marco eficaz para la economía”, “crear instituciones eficientes y participativas, así como ayudas para luchar contra la criminalidad y promover una cultura de la legalidad”. Y termina sus propuestas diciendo: “Parece que, actualmente, el verdadero proyecto a mediano y largo plazo sea el de invertir en la formación de las personas y en desarrollar de manera integrada una cultura de la iniciativa” (n. 11).

      Nos encomendamos a nuestra Madre, Nuestra Señora de la Paz, como la invocamos de modo especial en Chiclayo, para que nos ayude en construir un humanismo integral, comenzando por cada uno de nosotros, un mundo más solidario y justo. La felicitamos en esta Fiesta que celebramos con toda la Iglesia: su Maternidad divina: por ser la madre de Jesucristo -Dios hecho hombre-, es madre de Dios en cuanto que en Jesucristo hay una sola persona –la Segunda Persona de la Santísima Trinidad-, sin que pueda separarse su ser Dios de su ser hombre: una Persona y dos naturalezas.

Chiclayo, 31 de Diciembre de 2008


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