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Homilías 2009

Primeros Ministerios

      Querido hijo Ulber:

      El Señor comienza hoy a dar signos externos de su llamado al Sacerdocio ministerial a través de su Iglesia. Este rito, en el que recibirás los ministerios de Lectorado y Acolitado, es el comienzo de unos pasos con los que llegarán al Sacerdocio por la gracia de Dios y para los que se vienen preparando desde hace bastantes años.

      El Señor te llama para ser especial pertenencia suya en el servicio de la Iglesia, de cuantos buscan a Dios con un corazón sincero. Los Apóstoles se refieren con fuerza a esa especial elección del Señor. Son conscientes de que Dios los ha llamado a una empresa divina, a la que dedicaron todas sus energías, bebieron el cáliz del Señor y fueron bautizados con su bautismo.

      Recibes los primeros Ministerios dentro del Año Paulino. San Pablo hace memoria de su vocación con profundo agradecimiento al Señor. Aunque el último, se considera apóstol de Jesucristo, es decir, elegido y enviado por Jesucristo para anunciar por todas partes las maravillas que Dios realizó en Jesucristo en orden a la reconciliación con Dios y con los hombres y acceder a la salvación. Toda vocación es un don de Dios, que hay que recibir con humildad y llevarla adelante poniendo en juego toda la persona. Tú, Ulber, dentro y desde la Comunidad San Francisco Xavier, desplegando una intensa tarea evangelizadora hacia los más pobres.

      Como San Pablo, vive unido desde la fe y la caridad al Papa y al Colegio episcopal como sucesor del Colegio Apostólico. La unión con Pedro y con sus sucesores, los Papas, es señal de caminar con Cristo. Por eso Pablo, después de haber reflexionado por varios años sobre su vocación, va a Jerusalén y pasa unos días junto a Pedro para comprobar la autenticidad de sus reflexiones y de sus experiencias de vida cristiana. Recibe, podríamos decir, el “visto bueno” y el envío a evangelizar a los alejados de la fe cristiana. La unión con Pedro, con el Papa, es garantía de autenticidad de fe cristiana, tal como lo ha creído siempre la Iglesia y definió el Concilio Vaticano I.

      El Jubileo Paulino, al que nos ha convocado el Papa Benedicto XVI con motivo del bimilenario del nacimiento de San Pablo, es un año dedicado a recibir especiales gracias de Dios y de reflexión sobre la insigne figura del Apóstol de los gentiles. Un año para profundizar en las maravillas de la redención obrada por Jesucristo. Un año para renovarnos en la vocación recibida, que es vocación al apostolado. Un apostolado que no hemos de fiar a las especiales cualidades personales, sino a la entrega personal a Jesucristo, anunciando su mensaje. El Papa recuerda el texto traído en 2ª Corintios: “Su presencia resulta insignificante y su palabra despreciable” (2Cor 10, 10). Y comenta: “Por tanto, los extraordinarios resultados apostólicos que pudo conseguir no se deben atribuir a una brillante retórica o a refinadas estrategias apologéticas y misioneras. El éxito de su apostolado depende, sobre todo, de su compromiso personal al anuncio del Evangelio con entrega total a Cristo; entrega que no temía peligros, dificultades ni persecuciones” (Anuncio del Año Paulino).

      Puede ocurrir que nos quedemos con la última parte del texto papal y desalentarnos, tal vez, de la tarea apostólica. No es el nervio del mismo. El nervio para ser apóstol está en la entrega total a Cristo, dando lo mejor de sí mismo y rechazando cuanto pueda distraer de esa entrega. Como consecuencia, una entrega que se manifiesta en un “compromiso personal” con la causa evangelizadora. Al decir “personal”, no quiere decir individual, sino ser cada bautizado responsable de la evangelización en unión con los demás bautizados, teniendo como cabeza visible al Papa. Llevar a muchos, a todos, a Jesucristo, haciéndose todo para todos.

      Querido hijo, ser sacerdote es vivir la entrega total a Cristo y con El, no pertenecerse, no buscarse, sino darlo todo para servir a los hermanos en cuanto se refiere a Dios: la predicación de la Palabra divina y la administración abnegada de los sacramentos a cuantos los necesiten y ejercer el pastoreo con buen tiempo o en medio de dificultades, teniendo presente el ejemplo de los dos Apóstoles que celebramos, siguiendo con fidelidad a Jesucristo, que nos amó y se entregó por nosotros hasta la muerte. Tú, ahora, vive los ministerios de Lectorado y Acolitado como pasos próximos hacia el Presbiterado, que esperamos puedas recibir pronto. Sirve siguiendo la línea marcada por Jesús en el evangelio de hoy: “si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto”. Como Jesús, que no tengas más deseo que el de servir a tus hermanos desde el ministerio que se te confía, olvidándote de ti mismo, y repartiendo con abundancia la palabra de Dios y acercando a muchos a los sacramentos.

      Nos renovamos en nuestra entrega apostólica al pie de Santa María de la Paz para anunciar las maravillas obradas por Dios a favor de la salvación de todos los hombres y mujeres de este mundo.

Chiclayo, 18 de marzo de 2009


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