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Homilías 2009

Ordenación Presbiteral y Diaconal

      Queridos hijos Ántero, Edwuar y Hugo:

      Vds. “al configurarse con Cristo, sumo y eterno sacerdote, y unirse al sacerdocio de los Obispos, la Ordenación los convertirá en verdaderos sacerdotes del Nuevo Testamento para anunciar el Evangelio, apacentar el pueblo de Dios y celebrar el culto divino, principalmente en el sacrificio del Señor”.

      Estas palabras, tomadas del Pontifical Romano, explican de modo sintético la nueva realidad en la que Vds. se convertirán dentro de unos momentos por la imposición de manos y la oración consecratoria. El Espíritu Santificador les configurará con Cristo, sumo y eterno sacerdote, de tal modo que serán Cristo sacerdote que continúa su presencia salvadora en medio del pueblo que les será confiado. Es un hecho que asumen libremente y que les orienta, les exige, vivir en su vida diaria siendo Cristo sacerdote en todo momento: vivan lo que son. Déjense conducir por el Espíritu Santo, que no sólo les habrá configurado, sino que también les dará un torrente de gracias para ser siempre Cristo, aunque con debilidades.

      Lo que les quiero decir es que sean santos con espiritualidad sacerdotal, no teniendo más modelo, no queriendo saber más que a Jesucristo y éste crucificado. El Espíritu les conducirá por ese camino, si no le ponen obstáculos, camino de inmolación y de gloria, la que Cristo quiere anunciar a los demás a través de su ministerio fielmente vivido. No cedan a la mediocridad, al ir tirando, tal vez a la falta visible de fruto apostólico. La eficacia viene del Espíritu de Cristo. Muchas veces esta eficacia irá vinculada a su santidad personal. Santidad es que Vds. han de querer también para todos los que les sean confiados.

      Se unirán al sacerdocio de los Obispos, hemos recordado. Son ordenados para ser “honrados colaboradores de los Obispos”, y, con ellos –ahora conmigo-, fieles dispensadores de los misterios del Señor, implorándole su misericordia “por el pueblo que se les confía y por el mundo entero” (Pontifical Romano, Oración consecratoria). Unidos al Obispo para ser eficaces, de ahí, entre otros aspectos, la promesa de obediencia, que harán. Vivan el amor al Obispo, pues la caridad es el vínculo perfecto, a pesar de los pesares.

      La tentación a la genialidad, a ir por cuenta propia, a dejarse llevar por la propia opinión o por el propio gusto acechará siempre a la unidad de la Iglesia, al sacerdote. Recordamos el suceso de Corinto, al que San Pablo sale al paso. Traigo aquí el comentario del Cardenal Ratzinger: [el sacerdote] “ha de atender mucho a no construirse su Iglesia”. La tentación de los “partidos” en la Iglesia existirá siempre, hemos de evitarlos; a veces los fieles los promueven inconscientemente, inclinándose por este sacerdote o por el otro según sus preferencias personales o grupales. Hemos de hacer todo lo posible para no caer en esa tentación, que haría mucho daño a la vida del pueblo de Dios y a la misma evangelización: “que todos sean uno para que el mundo crea” (Jn 17,21). Por eso Ratzinger dice más adelante: “El metro del ministerio sacerdotal es el desinterés, que establece como norma la palabra de Jesús: “Mi doctrina no es mía” (Jn 7, 16)”. Y añade: “Sólo si podemos decir esto con toda verdad somos “colaboradores de Dios” (J. Ratzinger, La Iglesia, 184.185).

      Como fruto de cultivar la unidad de la Iglesia, surgirán muchos matrimonios cristianos, familias cristianas, y muchas vocaciones sacerdotales y religiosas. La pastoral vocacional pide, como uno de los elementos importantes, sacerdotes santos, modelos de sacerdote que suscite en los niños y en los jóvenes la inquietud del seguimiento de Jesucristo en el sacerdocio. Pero no olvidar que la pastoral vocacional es responsabilidad de todo el pueblo de Dios. Y puesto que “las vocaciones son don de Dios…, en cada diócesis, no deben faltar especiales oraciones al “Dueño de la mies” (Aparecida, n. 314).

      No puedo terminar, Hugo, sin decir al pueblo de Dios aquí convocado que recibes el diaconado para servir totalmente como Cristo a su Iglesia, para lo cual asumes el compromiso del celibato, así como asumes el compromiso de la recitación íntegra de la Liturgia de las Horas, consciente de que la Iglesia ora en ti y a través de ti.

      En esta Solemnidad, San José les servirá de modelo para no vivir más que para Jesucristo y su Iglesia.

      Les encomendamos a María Inmaculada de modo que su cariño de madre les acompañe en la vivencia de su ministerio sacerdotal.

      Y den gracias a Dios conmigo al celebrar el Duodécimo Aniversario de mi Ordenación Episcopal en el Santuario Nuestra Señora de la Paz.

Chiclayo, 19 de marzo de 2009


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