Inicio separador Biografía separador Decretos separador Homilías separador Artículos separador Cartas separador Discursos separador Galería
esquina esquina
esquina esquina
  
esquina esquina
Homilías 2009

IV DOMINGO DE CUARESMA (B)

      Al dialogar con Nicodemo, Jesús le habla de un suceso conocido por el judío medio para explicarle de cómo su muerte en cruz. Le habla de la serpiente de bronce construida por Moisés, siguiendo una orden divina, para que cuantos la miraran quedaran libres de las mordeduras de serpiente. Con el trasfondo de este hecho Jesús habla a Nicodemo de que es necesaria su muerte en cruz para que todo hombre pecador que crea en El alcance la salvación. Y todos somos pecadores a causa de la serpiente, que representaba al demonio, que fue causa del pecado en el mundo a través de Adán y Eva.

      En este tiempo de Cuaresma, levantamos nuestros ojos a Jesús crucificado con la mayor fe de que cada uno es capaz implorando su misericordia, pues reconocemos que son muchos nuestros pecados presentes o pasados, mortales o veniales. Son faltas de amor.

      Nuestras faltas de amor a Dios contrastan con el amor de Dios que nos da a su propio hijo para que, por la fe, alcancemos la salvación. Ese amor de Dios alcanza su manifestación máxima en la Cruz de Cristo, en la que Dios nos da a su Hijo hasta la muerte más ignominiosa, no se reservó nada, ni en lo físico ni en lo espiritual, lo dio todo.

      Por la fe alcanzamos la salvación. Una fe en Jesucristo Salvador del mundo que se manifiesta en obras, obras hechas según nos enseña Jesucristo, obras que buscan una mayor cercanía a El, una mayor identificación con El. Obras que son luz, por lo que quien las realiza, el hombre de fe, se convierte en luminaria para los demás, marca el sentido de la vida, señala a Cristo que camina delante de nosotros para conducirnos hasta Dios, al Cielo, a la vida eterna, si le prestamos atención.

      Jesús habla de cómo su presencia en este mundo plantea un juicio para los hombres. Quienes le sigan alcanzará la vida eterna, pero quienes se resistan a creer se condenarán. Pone de manifiesto que la condenación será un hecho para aquellos que, habiendo conocido a Jesucristo, la luz del mundo, le rechazaron positivamente. Uno de los hechos de quienes rechazan positivamente a Jesucristo es que actúa ocultamente, sus intenciones son torcidas aunque las oculta para no ser acusado, detesta las obras de la luz, las que están hechas según Dios. Todo esto nos lleva a pensar, por ejemplo, en la situación de los creyentes perseguidos en tantas partes del mundo.

      San Pablo nos ha recordado que somos “obra suya. Dios nos ha creado en Cristo Jesús para que nos dediquemos a las buenas obras, que él determinó que practicásemos”.

      Eucaristía

      Párroco

      María

Chiclayo, 22 de marzo de 2009


esquina esquina
Inicio separador Biografía separador Decretos separador Homilías separador Artículos separador Cartas separador Discursos separador Galería
Copyright 2007 © Obispado de Chiclayo.
Todos los derechos reservados