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Homilías 2009

V Domingo de Cuaresma (B)

      Posiblemente todos habremos tenido en la mano una pequeña planta, salida de una semilla, que todavía conserva la cáscara de la misma, pero el contenido, la harina, ya no existe. Jesús pone el ejemplo del grano de trigo. Su muerte, a la que se refiere, es vida para todos nosotros, su resurrección es la vida nueva para la humanidad, de la que participan cuantos tienen esa semilla de vida nueva, que es Jesucristo muerto y resucitado. El mismo ejerce en nosotros una atracción para que recorramos su camino pascual para nacer de nuevo y ser glorificados por la santidad y el poder de Dios.

      Este morir para vivir al que Jesús nos llama para seguirle, tiene plena vigencia para la vida de familia. Llevados por la fuerza de Jesús, los esposos y los hijos sentirán el deber de pasar por encima de sus situaciones personales para buscar el bien del otro, de los miembros de la familia: cansancio, falta de trabajo, estudios, atención al enfermo o al de conducta errada, etc. Es el momento de afirmar en concreto el amor que se profesan los miembros de la familia, con lo que ellos y Dios son glorificados al participar de la vida en Jesucristo: los familiares por amar y Dios por la fidelidad a su plan de amor sobre el matrimonio y la familia. “Mirad cómo se aman” > Ámense como yo les he amado. El Papa Benedicto ilumina estas situaciones: “La respuesta cristiana ante los desafíos que debe afrontar la familia y la vida humana en general consiste en reforzar la confianza en el Señor y el vigor que brota de la propia fe, la cual se nutre de la escucha atenta de la Palabra de Dios”. Y el Papa propone la práctica de la lectura en familia de la Palabra de Dios y de la oración, sobre todo del rezo del Santo Rosario: “Qué bello es reunirse en familia para dejar que Dios hable al corazón de sus miembros a través de su Palabra viva y eficaz” (Mensaje en el VI Encuentro Mundial de las Familias, México, 16.01.09).

      La familia fundada en el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer, la donación mutua de los padres en el matrimonio es un bien insustituible para la educación de los hijos. El amor es el ambiente adecuado para esta educación. La familia constituida de este modo “es el ámbito donde el hombre puede nacer con dignidad, crecer y desarrollarse de un modo integral” (l. c.). La educación requiere el ejercicio de la libertad, asumiendo la responsabilidad de los actos que esa libertad genera. Aquí está la madurez de la personalidad. En esta tarea hacia una plena libertad, interior sobre todo, los padres han de desarrollar un verdadero arte, pues, aunque hay mucho escrito sobre el tema, son ellos quienes han de ayudar a cada hijo a alcanzar su madurez personal, a tomar decisiones que sean expresiones de una personalidad centrada, equilibrada. Lo será si sabe elegir el bien a realizar y rechazando el mal que se debe evitar, aunque tenga apariencia de bien. “En el hogar es donde se aprende a vivir verdaderamente, a valorar, la vida y la salud, la libertad y la paz, la justicia y la verdad, el trabajo, la concordia y el respeto” (l. c.).

      Es grande la tarea de la familia. Siendo fundamento de la vida social y célula básica de la vida de la Iglesia, requiere apoyo tanto del Estado como de la Iglesia. Apoyo tanto desde la relación entre ciudadanos –individual o grupal- como de grupos mayores e instituciones. Por parte de la Iglesia podemos citar, entre otros, la Comisión Diocesana de Familia en conexión con la Comisión Episcopal de Familia y el Pontificio Consejo para la Familia, como las Comisiones de Familia, Escuelas de Padres, Colegios Católicos, etc. Mucho, pero que no llega al gran ambiente de la ciudadanía. Todos estamos llamados a ser apóstoles de la familia, tratando de influir en ese ambiente de modo individual y grupal, accediendo a los medios de comunicación, etc. El Papa proponía en Méjico que “se han de promover también medidas legislativas y administrativas que sostengan a las familias en sus derechos inalienables, necesarios para llevar adelante su extraordinaria misión.

      Por ello, ahora que no estamos en periodo electoral, me permito proponer que no votemos a candidatos que no atienden o proponen medidas contrarias a la familia como es el aborto, el matrimonio “exprés” o la píldora del día siguiente. Fijarnos si los candidatos ofrecen medidas para una educación auténtica en el colegio, si proponen medidas de protección a las familias numerosas, si proponen una auténtica educación de varones y de mujeres que les lleve al autocontrol en su vida sexual (Uganda), sin recurrir a medios químicos, dispositivos, etc. La vida sexual sana, como nos ha dicho el Papa, no es una cuestión de preservativos, sino de educación de los propios sentimientos e impulsos para vivir el amor como entrega permanente y respetuosa con la dignidad del otro.

      En estos momentos, debido a las fuertes presiones que reciben nuestros gobernantes, recemos por ellos y démosles apoyo con algunas acciones, tales como el petitorio en forma de memorial, propuesto por la Comisión Diocesana de Familia. Firmen.

      Que Santa María de la Paz nos ayude a vivir en paz las relaciones familiares.

Chiclayo, 29 de marzo de 2009


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