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Homilías 2009

HOMILIA APERTURA AÑO ACADEMICO 2009

      El diálogo entre Jesús y los Apóstoles llama la atención por la sencillez con que se inicia; nada hay de excepcional, ni siquiera el “echad la red a la derecha de la barca y encontraréis”, pues era normal que se viera desde la playa un banco de peces, imperceptibles para quienes estaban junto a él. El resultado de la pesca es portentoso, desproporcionado a las circunstancias, milagroso.

      Es un suceso inexplicable sólo con la experiencia de aquellos pescadores o de los ingenieros pesqueros más exitosos. Así sucede con el cristianismo, inexplicable para quienes quieren negar la divinidad de Jesús de Nazaret como les sucedió a los sacerdotes y saduceos de Jerusalén en relación con el discurso de Pedro y de Andrés. Lo mismo sucede hoy. Lo hemos podido comprobar en estos días con programas que pretendían explicar la Biblia o el origen del Pueblo de Dios o del hecho histórico de Jesucristo sólo con la razón o el mero dato histórico. Cuando se prescinde de la fe para explicar hechos de naturaleza religiosa, sobrenatural, sólo desde un punto de vista racional, se distorsiona la realidad, se mutila la verdad, se engaña.

      No es posible prescindir de Dios ni de su posibilidad de irrumpir en la historia humana, como sucede en Jesucristo, si queremos explicar la realidad plena. Descubrir a Dios es tener un presupuesto básico para entender la realidad y vivir en ella, incluso para perfeccionarla, con todo el conjunto de valores que este hecho conlleva. Ese perfeccionamiento, vamos a llamar “integral”, es la tarea del cristiano, más aún si es intelectual. Se trata de desarrollar una cultura cristiana: que el Evangelio oriente la vida de los hombres y mujeres de este mundo, las estructuras sociales, con la fuerza de la verdad y del amor. Es un proceso de transformación que debe realizarse gradualmente.

      La humanidad ya estaba aquí cuando se encarnó Jesucristo, así sucede con la cultura cristiana: las culturas ya estaban ahí. Sin embargo la fe cristiana está llamada a impregnar las culturas existentes con los valores del Evangelio, dando lugar a la cultura cristiana. “Si queremos ser fermentos de una nueva cultura, hemos de comenzar por abrir el corazón a la pujante acción del Espíritu de Jesucristo que, divinizándolo, no lo despoja de lo humano, sino que lo enaltece, purificándolo y transformándolo” (Card. BERTONE, Una nueva propuesta cultural para México, enero 2009)

      “Abrir el corazón a la pujante acción del Espíritu de Jesús”. La apertura del corazón es una disposición esencial para poder descubrir la realidad plena, para establecer un diálogo fluido y fructífero. Sin duda que aquí está una explicación de tantos desencuentros, de nuestra fe débil y de las dificultades en el trabajo en equipo.

      Apertura del corazón a Jesucristo, mediante un diálogo personal con El y dentro de la comunidad cristiana. Este diálogo sincero nos llevará a la pureza de corazón, rectificando nuestras intenciones y despojándose de prejuicios, que nos impiden ver la realidad plena y alcanzar la verdad: Diálogo con Jesucristo que nos llevará a contar con los demás en nuestra vida y a unirnos para servir mejor a todos. Pero estamos reclamados por muchas cosas, buenas en sí la mayoría, que nos hacen pensar que no tenemos tiempo para la oración. Es cuestión de voluntad, de llevar a la vida que Dios es lo primero.

      El relato evangélico que hemos escuchado nos muestra la vida de la comunidad cristiana en el tiempo pascual antes de la Ascensión del Señor. Una vida sencilla de trabajo y de unión, buscando el bien de todos y con el corazón abierto a que Jesús podría hacerse presente, como sucedió. Todo tenía relieve para ellos, no para los de fuera. Y esa comunidad se expandió hasta nuestros días, llenándolo todo al decir de Tertuliano. Es nuestra la tarea de hacer que esa comunidad continúe llenando los corazones y la vida de los hombres y mujeres de este mundo con el Espíritu de Jesucristo, promoviendo progresivamente la cultura cristiana, empapándolo todo con los valores del Evangelio.

      María nos da la clave para progresar en una vida, en una cultura cada vez más cristiana: meditar de modo constante los sucesos que vivimos a la luz del Evangelio y actuar en consecuencia.

Chiclayo, 17 de abril de 2009


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