CELEBRACIÓN POR EL 174 ANIVERSARIO DE CHICLAYO
Quiero comenzar con un agradecimiento al Sr. Alcalde y a los Regidores por lo que hacen a favor de la Ciudad. Pido al Señor que les ilumine y les fortalezca para seguir cumpliendo su misión, aunque no les faltarán críticas negativas y destructivas. Vds. sigan trabajando y haciendo trabajar lo mejor que saben y pueden a favor de nuestra querida Ciudad.
Los textos litúrgicos que hemos escuchado nos permiten afirmar que no siempre son bien comprendidas las actuaciones de los demás. Pedro y Juan son reprendidos por las autoridades religiosas de su tiempo porque no creyeron en Jesús. Ellos habían hecho el milagro de curar a un paralítico con el poder de Jesús. Por otra parte, los Apóstoles se resisten a creer en Jesús resucitado porque le vieron morir de forma trágica. Unos y otros se dejaron llevar de sus prejuicios. Era necesaria una explicación y despojarse de prejuicios para creer: era necesaria una gran catequesis como sucedió.
Estos acontecimientos me hacen pensar en nuestra convivencia ciudadana en la calle. Por ejemplo, los ciudadanos en general no cuidamos la limpieza y botamos los papeles, etc. al suelo; si tenemos que cruzar un óvalo ¿para qué dar un rodeo?; si cruzamos la calle por un paso de peatones pensamos en aquello de “bienaventurados los que creen en el paso de peatones porque pronto verán a Dios”; si vamos en el coche y el de adelante no sale pronto al abrirse el semáforo, le urgimos con un potente bocinazo a la vez que mortificamos los oídos de los transeúntes; si llevamos un objeto en la mano, corremos el riesgo de que desaparezca; etc.
Con esto quiero decir que necesitamos una gran campaña de educación ciudadana. Una campaña, de la que hablé el año pasado, que requiere la colaboración de las instituciones locales y regionales. Una campaña liderada por el Gobierno Provincial que convoque a diversos especialistas de la comunicación, una campaña sostenida en el tiempo y con una inversión cuantiosa, si se quieren ver los resultados en el mediano plazo, no basta con algún cartel o algún spot publicitario. No es suficiente con que seamos la Ciudad de la Amistad, sino que, primero, nos tratemos bien entre nosotros y no recibamos al número creciente de visitantes con papeles y basura, con sustos y bocinazos. Nuestra simpatía no les faltará, pero hace falta que nos mostremos como buenos ciudadanos. Es necesario fomentar más el amor a Chiclayo, una Ciudad en la que todos se sientan a gusto y gusten de acoger a los visitantes con detalles de corrección que hacen la vida más amable a todos. Si hacemos así y creemos más en nuestra capacidad de hacer mejor las cosas, Chiclayo cambiará y parecerá que se dio un milagro, ciertamente el del cambio de actitudes en los chiclayanos.
Invoco a María Inmaculada, Patrona de la Ciudad, para que nos ayude a tener la capacidad de una amistad más correcta, a educarnos como mejores ciudadanos.
Chiclayo, 18 de abril de 2009
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