Inicio separador Biografía separador Decretos separador Homilías separador Artículos separador Cartas separador Discursos separador Galería
esquina esquina
esquina esquina
  
esquina esquina
Homilías 2009

Domingo XIII del Tiempo Ordinario (B)

      Sólo desde la fe se puede llegar al corazón de Cristo y comprender adecuadamente su obra redentora. Si falta la fe, Jesucristo aparece como un líder religioso o social y la Iglesia es vista como una institución de carácter político y social, que ha sobrevivido al paso de los tiempos.

      Fe en El es lo que pide Jesús para hacer milagros. Los dos milagros del evangelio de hoy son una muestra de ello, distinta en cada caso. La hemorroísa cree que Jesús tiene la energía suficiente para curarla, por lo que considera suficiente tocar su manto, lo hace abriéndose paso entre la multitud. Jairo cree en Jesús, pero vacila ante las consideraciones ajenas, lo que provoca que Jesús tenga que reanimarle en su fe para alcanzar la curación de su hija, como sucedió.

      La fe en Jesús es algo más que tener unas ideas sobre El o un sentimiento más o menos intenso de acercamiento a Jesús. La fe que Jesús nos pide es una adhesión total a su persona, confiando en El como nuestro Dios y Salvador. Cierto que siempre habrá elementos externos que pretenderán impedirnos vivir esa confianza en el Maestro, que tal vez consiguen. Así nos lo dice el Libro de la Sabiduría: el plan de Dios sobre el hombre era que viviera en plena amistad con El y fuera incorruptible; por influjo del diablo, el hombre pecó y la muerte entró en el mundo.

      Gracias a Jesucristo el hombre puede ser nuevamente fiel a Dios, porque Jesucristo es cabeza de la humanidad, de los redimidos, y, en Jesucristo, podemos ser cada vez más fieles a Dios. Esta fidelidad no es algo automático –por estar unidos a Jesucristo-, sino que requiere también el concurso de nuestra libertad, una decisión de amor para vivir cada vez más unidos a El, a Dios, para divinizar progresivamente nuestra vida y se haga cada vez más eterna, más cielo, sin olvidarse de la tierra. Más, la unión con Jesucristo nos lleva a meternos mejor en los asuntos de este mundo, siguiendo su ejemplo, quien, siendo Dios, se interesó por todo lo nuestro para llevarnos juntos y junto con el cosmos a Dios. Se ha ido, pero no se desentiende de nuestros problemas.

      El influjo externo, el demonio, que llevó al hombre al pecado sigue actuando en el mundo por tantos medios que conocemos y, a veces, no conocemos. Por esa experiencia inicial de pecado y por nuestra experiencia personal pecadora, ahora el influjo, el “veneno de muerte”, está en nuestro interior: sentimos la tendencia hacia lo que no es Dios, incluso a lo que es contrario a Dios. ¿Cómo nos podremos librar de ese influjo? San Pablo nos da la respuesta: “Por Jesucristo Señor nuestro” (Rom 7, 24). De aquí la necesidad de la oración personal y la recepción frecuente de la Confesión y de la Comunión, con la lectura asidua de la Palabra de Dios, con el empeño en vivir cada vez mejor según Jesucristo –fijándonos metas, propósitos concretos-, con la confianza en la providencia de Dios y el sentido de fe y el ejercicio de las virtudes cristianas.

      Una de estas virtudes, la más importante, es la caridad, la que permanece más allá de la muerte. San Pablo la aplica hoy a la atención de los hermanos cristianos de Jerusalén, que están pasando estrecheces. Les pone por modelo la caridad de Jesucristo, quien, siendo rico, se hizo pobre por nosotros para que seamos enriquecidos con los dones divinos, que abarcan también el Cielo. Los pobres los tenemos siempre entre nosotros, al decir de Jesús: Personas que, tal vez, viven cerca, Inkawasi, Kañaris, pueblos jóvenes, enfermos sin poder comprar medicinas, ancianos sin atención, etc. Vivamos la caridad con todos, especialmente con los más pobres, los preferidos de Jesús. Será una señal de nuestra fe en El, presente en cada persona, será un modo concreto de vencer nuestros egoísmos, nuestro afán de tener, que tanto daño nos hace.

      Acudamos a María, la madre creyente y pobre.

Chiclayo, 28 de junio de 2009


esquina esquina
Inicio separador Biografía separador Decretos separador Homilías separador Artículos separador Cartas separador Discursos separador Galería
Copyright 2007 © Obispado de Chiclayo.
Todos los derechos reservados