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Homilías 2009

DIA DEL JUEZ

     

      Una de las fallas en la convivencia social es la de juzgar rápidamente entrando también en las intenciones de quien se dice que obró mal: se cae en la murmuración. Es lo que hicieron Aarón y María en relación con su hermano Moisés. Como vemos la historia se reitera, aunque nos separen más de tres mil años.

      La murmuración, el hablar mal de otros sin necesidad, es un pecado tan desagradable a Dios que fue motivo de castigo para los hermanos del gran Patriarca. La murmuración divide, lleva a pensar mal de los otros, produce rupturas en la vida social. Dios nos ha creado para vivir en la unidad, que hemos de ganar día a día tratando de superar las fuerzas negativas que hay en nosotros, ahogando el mal en abundancia de bien: fijarnos en las cualidades positivas que hay en toda persona, callarse cuando no hay necesidad de hablar, comprender, rezar por quienes nos parece que han obrado mal.

      El hablar mal de otros aparece tan generalizado a veces que puede hablarse de verdadera tempestad en la vida social, que hace peligrar la paz y el entendimiento entre los hombres. Lo comprobamos, por ejemplo, cada mañana en la lectura de los periódicos. En determinados momentos, supongo que Vds., los jueces, tienen que hacer un gran esfuerzo para no dejarse llevar lo más mínimo por esa acción mediática.

      Es el momento de dirigirnos a Jesús como Pedro para no dejarse llevar por esas olas que pretenden envolvernos. La oración confiada y serena, en lo posible antes del trabajo, les ayudará a tener calma y juzgar con la serenidad del Maestro que nos llama a vivir en caridad, más, quiere hacernos partícipes de su amor divino.

      La caridad ha de inspirar todas nuestras acciones en relación con los demás. Es la virtud raíz de todas las demás virtudes. Esa caridad en la verdad de nuestras vidas, de cuanto acontece, es, como dice el Papa, “un don absolutamente gratuito de Dios, irrumpe en nuestra vida como algo que no es debido, que trasciende toda justicia” (La Caridad en la Verdad, 34). Cada uno de nosotros ha llegado a la existencia por puro amor de Dios, la vida nos es dada por los padres y estamos llamados por Dios-Amor a vivir en el amor, en “la unidad del género humano, la comunión fraterna más allá de toda división”. La caridad en la verdad, dice el Papa “no excluye la justicia ni se yuxtapone a ella como un añadido externo en un segundo momento”. Se puede afirmar que la caridad envuelve a la justicia como un elemento esencial de ella misma y da el rostro humano a la convivencia social, no se detiene en lo que hay que dar a cada uno, sino que va más allá, se da, crea y es fruto de verdadera fraternidad.

      Amemos el ser justos por ser caritativos y veraces. Contemos con la ayuda del Dios-Amor, manifestado en Jesucristo, cuya palabra nos orienta y fortalece.

      Y que Santa María y San Juan María Vianney nos ayuden.

Chiclayo, 04 de agosto de 2009


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