CRUZ DE CHALPON 2009
Hace pocos días leí la noticia de una mujer con cáncer que superó las presiones para abortar y poder recibir tratamiento. Prefirió la vida de su hijo y ella falleció unas semanas después. Sucesos como éste nos llevan hacia Jesús, quien, siendo Dios, fue a la muerte para que los hombres llegáramos a vivir siempre felices con Dios.
Dios es Amor y crea por amor y llama al amor. El amor es don de sí, entrega al otro, a los otros. La vida misma es un don de Dios: cada uno hemos sido llamados a la vida por amor y, como tal, requiere una respuesta de amor. Sólo en el amor se realiza el hombre y encuentra su felicidad.
Dios es Amor, no un solitario. Quien se aísla se queda sólo e insatisfecho. Es una pobreza, que, junto con “las otras pobrezas, incluidas las materiales, nacen del aislamiento, del no ser amados o de la dificultad de amar”. El hombre es un ser-con-los-demás, la relación hace que el hombre pueda vivir más feliz. El hombre aislado, solo, es debido en muchos casos al “rechazo del amor de Dios, por una tragedia original de cerrazón del hombre sobre sí mismo, pensando ser autosuficiente”. Un hombre así está alienado. “Toda la humanidad está alienada cuando se entrega a proyectos exclusivamente humanos, a ideologías y utopías falsas”. Pensemos en las crisis mundiales, debidas a la ambición y en las promesas de un mundo feliz pensando fundamentalmente en bienes materiales.
Hoy la humanidad vive interactiva y “esa mayor vecindad debe transformarse en verdadera comunión”. Pensemos en los intercambios comerciales, en internet, etc. “El desarrollo de los pueblos depende sobre todo de que se reconozcan como parte de una sola familia, que colabora con verdadera comunión y está integrada por seres que no viven simplemente uno junto al otro” (BENEDICTO XVI, Caridad en la Verdad, 53). Hagamos un examen de conciencia sobre nuestra convivencia de vecindad, de ciudad, de país, de región, etc. Descubriremos que hay mucho de yuxtaposición de unos junto a otros pero poca comunicación de bienes personales y materiales.
Jesucristo en la Cruz nos ilumina del valor único de la persona humana a los ojos de Dios y de lo que es, debe ser, a los ojos de los demás. Purificar nuestra mirada hacia los demás, quitando el barro de nuestros egoísmos y enjugando las lágrimas de nuestros problemas personales. Así lo hizo por nosotros Jesucristo en la Cruz, presencia en cada Misa.
La Iglesia es signo e instrumento de unidad, originado en la vida de la Santísima Trinidad. “A la luz del misterio revelado de la Trinidad se comprende que la verdadera apertura no significa dispersión centrífuga, sino compenetración profunda. Esto se manifiesta en las experiencias humanas comunes del amor y de la verdad. Como el amor sacramental que une a los esposos espiritualmente en “una sola carne” (Gn 2,24; Mt 19,5; Ef 5,31), y de dos que eran hace de ellos una unidad relacional y real, de manera análoga une los espíritus entre sí y los hace pensar al unísono, atrayéndolos y uniéndolos a ella” (l. c., 54). “La verdad os hará libres”.
Realizar la caridad en la verdad de nuestras vidas.
María junto a la Cruz.
Chiclayo, 05 de agosto de 2009
|