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Homilías 2009

NUESTRA SEÑORA DE LA PAZ

      La Iglesia concede gran importancia a la presencia de Jesús en estas bodas. Ve en ella la confirmación de la bondad del matrimonio y el anuncio de que en adelante éste será un signo eficaz de la presencia de Jesucristo (cf Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1613).

      Más aún, que Jesús asista a ese matrimonio y el hecho de que haya sido consignado por Juan en su evangelio pone de relieve “que la verdad de la familia está inscrita en la revelación de Dios y en la historia de la salvación” (JUAN PABLO II, Carta a las familias, n. 18). La familia no es algo que procede de situaciones sociológicas, como la necesidad de protección o de producción, sino que está en el plan inicial de Dios al comienzo de la humanidad. Como se lee en el libro de Génesis, la familia tiene su origen en una tendencia natural y es el ambiente normal en el que los hombres y mujeres llegan a este mundo y en el que viven la primera educación como personas, será, por lo mismo, escuela de virtudes sociales.

      Los ataques a la familia con sus propuestas de “alternativas” no son el resultado de una evolución de la sociedad, sino más bien una deformación debida a experiencias familiares negativas o como consecuencia de un individualismo exasperado y animado, en ocasiones, por el hedonismo. Las familias bien constituidas contribuyen al equilibrio social y son la base para personalidades capaces de apoyar y orientar a sus conciudadanos.

      Volviendo al texto evangélico, encontramos el especial protagonismo de la madre de Jesús. Ella está al comienzo de la obra de la Redención y aparece de nuevo al final de esta obra redentora en el Calvario. Con ellos se indica que toda la obra de Jesús está acompañada por la presencia de María Santísima. En Caná intercede por los esposos “en apuros” y en el Calvario ofrece al Padre la muerte redentora de su Hijo y acepta la misión que Jesús le confiere de ser madre de todos los creyentes, representados por el discípulo amado.

      En Caná se manifiesta la solicitud maternal de María hacia los hombres, saliendo al encuentro de sus necesidades. Así lo hará luego a través de los siglos. De aquí que el pueblo cristiano rece con frecuencia la antiquísima oración del “Acordaos”. Y, por lo mismo, que se le haya llamado “omnipotencia suplicante”. Ella vela por cada una de las familias y en ella encuentran las familias un fundamento sólido para la unidad y ayuda para sus múltiples necesidades espirituales y materiales. Un ejemplo de ello pueden ser sus palabras a Juan Diego, que le expone sus dificultades: “¿No estoy yo aquí que soy tu madre?”. Al acudir a Jesús con el “no tienen vino”, pone de manifiesto una mediación de María: se pone entre su Hijo y los hombres en la realidad de sus privaciones, indigencias y sufrimientos.

      “Hagan lo que El –Jesús- les diga”. Esta indicación de María a los sirvientes de las mesas de la boda conecta con aquella otra del Padre en el Bautismo del Jordán: “Este es mi Hijo, el Amado, escúchenle”. Estas palabras leídas en contexto familiar son una invitación a vivir lo que Dios pide a cada familia y a cada uno de sus miembros. Un medio concreto puede ser la lectura diaria de un pequeño texto bíblico leído y comentado en familia, que termina en oración. Ayuda mucho lo que se va editando sobre la lectio continua. Las palabras de María vienen a ser como un trasfondo que resalta los gestos y palabras de Jesús durante su vida pública.

      “Hagan lo que El les diga” es también una exhortación para que cada familia se desenvuelva según el plan creador y redentor sobre el matrimonio y la familia: uno con una y para siempre, protección a la vida humana desde la fecundación hasta su deceso natural, rechazo de todas las demás uniones distintas del matrimonio. La exhortación mariana y su intervención maternal son un gran estímulo para cuantos son llamados al matrimonio cristiano: con ella se puede vivir un matrimonio fiel y feliz. También son estímulo para cuantos son llamados al sacerdocio o a la vida religiosa para realizar la gran paternidad o maternidad espiritual a la que son llamados por el Señor. También éstos serán felices si permanecen fieles a la vocación recibida.

      Pidamos a Nuestra Señora de la Paz que interceda siempre por las familias cristianas y por los sacerdotes y religiosas. Ella lo puede todo ante su Hijo.

Chiclayo, 06 de setiembre de 2009


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